Ética, retórica y la dialéctica en los debates del Imam Reza (P) Parte I

SP - En la modernidad el arte del debate, con el auxilio de la retórica y la dialéctica, componen una parte fundamental del discurso público como disciplina trasversal en contextos y campos diversos como el periodismo, la política, el derecho, la educación, las ciencias sociales, la religión, el arte y la publicidad.

En el caso de la retórica o la elocuencia, reverenciada y sistematizada por los antiguos griegos, y que fuera considerada por los medievales como una de las ciencias del tercer camino (trivium), junto a la gramática y la dialéctica, siempre tuvo la potestad de enseñar el arte de colorear las palabras con una finalidad persuasiva y a la vez de estética. La dialéctica, igualmente un componente del trivium, es otra manifestación del arte referida a las técnicas de conversación, en íntima relación con la lógica. La dialéctica como sistema, se remonta desde los antiguos textos lógicos de la India, pasando por el método socrático y de los sofistas, hasta el discurso filosófico, religioso, jurídico y lingüístico de hoy. Si bien en la contemporaneidad el debate juega un rol vital en áreas, como pueden ser el  debate político o el estudio lógico de las falacias, en variados contextos el debate puede ser considerado como un ejercicio estéril, lo que en nuestra lengua puede ser considerado como un “debate bizantino”[1] ; en otros espacios, como las tertulias televisivas, los foros en red y la totalidad de esa sociedad del espectáculo en que vivimos, el debate es una expresión de la mala educación, la ofensa gratuita y lo soez. Esto deja ver la necesidad de volver sobre la esencia del debate y buscar los ejemplos luminosos en este campo donde las técnicas de retórica y dialéctica van de la mano con la ética y la espiritualidad. Sin duda alguna un ejemplo de ello lo encontramos en el Imam Reza (P).

La comunicación y la relación con los demás ha sido una de las necesidades básicas del ser humano desde el profeta Adán y seguirá siendo vital hasta el día de la resurrección. El Dios Todopoderoso ha creado al ser humano como una criatura social; por lo tanto, el ser humano, debido a su fitrah, estará siempre tratando de encontrar una manera de comunicar sus ideas y puntos de vista a los demás. Por esta razón, para tener una relación sana y estable que debería ser la base de todas y cada una de las relaciones, es esencial observar algunos principios. Estos principios deben ser determinados por quien conoce muy bien la fitrah del ser humano y tiene un conocimiento integral sobre los seres humanos y sus necesidades.

Entre todas las criaturas del universo, con énfasis en los humanos, sólo los Imames Infalibles (P) están determinados para ser los albaceas del Conocimiento Divino, siendo las personas más informadas sobre las necesidades humanas; Dios les da la capacidad de satisfacer estas carencias para que así los seres humanos puedan lograr el mejor y más completo método de comunicación con los otros.

El Imam Reza (P) es la octava estrella iluminadora del cielo del Imamato y su liderazgo, cuya profunda comprensión sobre el ser humano, similar a su honorable padre y abuelo, lo convirtieron en el psicólogo y el comunicador más grande de su tiempo. Imam Reza es el símbolo de la ciencia de Dios y un experto en el conocimiento de los seres humanos. Al estudiar las declaraciones, el comportamiento y el carácter del Imam en las discusiones y debates, podemos encontrar los mejores principios y métodos para interactuar con los demás en un debate. Este aspecto es llamado "Código ético del Imam Reza en los debates".

Está registrado en la historia como el califa abasí al-Ma‘mûn (813-833), siguiendo una estrategia para intentar desacreditar a los movimientos shiístas que amenazaban su corrupta gobernación, invitaba al Imam Reza (P.) a entrar en la arena de debates complejos con diversos pensadores y líderes religiosos de diferentes credos. Solía llevar a cabo sesiones de discusiones, algo así como torneos intelectuales, a las que asistían reconocidos sabios y hombres de ciencia de diferentes campos como la filosofía, la lógica, la lexicografía, la medicina, las ciencias naturales, la mística, la teología y la jurisprudencia, e ideologías como el materialismo, el ateísmo, el politeísmo, el mazdeísmo, hinduismo, cristianismo, judaísmo y diferentes sectas y corrientes islámicas del momento[2]. Con todos ellos el Imam Reza no solamente debatía con un fino método argumentativo desde el campo del contrario, utilizando las referencias textuales de sus libros sagrados, las terminologías propias de sus campos y sus técnicas argumentativas, sino que también lo realizaba en muchas ocasiones en la lengua de sus oponentes, o sea debatía en persa con los zoroastrianos y en latín con los cristianos, con un empleo exquisito de la retórica en cada una de esas lenguas. Lo fundamental en el estilo de debate del Imam era la mesura y la ética que demostraba, cuando muchas veces la terquedad y la impotencia de sus oponentes los volvía hostiles, falaces y cínicos en sus respuestas de debate. Así queda registrado en las narraciones:     

“Dijo Imam Reza (A.S.): " ¡Oh Nawfali! ¿Le gustaría saber cuándo al-Ma‘mûn se sentirá arrepentido? " Él respondió: "Sí". Dijo el Imam:" Cuando me oye discutir con la gente de la Torá citando su propia Torá, con la gente del Evangelio (Biblia) citando su propio Evangelio, con la gente de los Salmos citando sus propios Salmos, con los zoroastrianos discutiendo en su idioma persa, con los romanos en su propio latín, y con los retóricos usando su propia retórica.”[3]

Amilcar Aldama Cruz   

(Continuará)


[1] Llámese así a la discusión que, por ociosa e inútil, carece de todo sentido. Con frecuencia se dan en política discusiones de este estilo, estériles y alambicadas. El origen de la frase está en los intrascendentes debates que se realizaban en Constantinopla —la antigua Bizancio, capital del Imperio Romano de Oriente—  acerca del sexo de los ángeles en los momentos en que los turcos otomanos estaban a punto de conquistar la ciudad.

[2] Entre los oponentes se encontraban un arzobispo católico, un gran rabino, un alto representante de la casta sacerdotal hindú, sacerdotes mazdeos y un médico romano llamado Nestus. 

[3] Al-Thariya:54

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