publicado el: 24 septiembre 2020 - 21:06

¡Aún el Diablo Está Aquí!

Moderados, reformistas e insurgentes
¡Aún el Diablo Está Aquí!

Segundopaso - El 20 de septiembre pasado se celebraron catorce años del histórico discurso pronunciado por el comandante Hugo Chávez en la Asamblea General de la ONU.

Trascendente, emancipador, victorioso, aleccionador, sabio, dignísimo, rebelde, elocuente, inteligente, agudo, reivindicativo, justiciero, original, esclarecedor, demoledor, honesto, directo, valiente, simpático y llano son algunos de los muchos calificativos que se nos vienen a la mente cuando rememoramos aquel discurso del Comandante. Ese día de septiembre de 2006, el pueblo venezolano estaba a la expectativa sobre lo que diría el gran líder en tan estratégico escenario multilateral, sobre todo luego de haber escuchado las patéticas chorradas y la sarta de mentiras del enajenado Georges Bush II el día anterior.

Sabíamos de antemano que el particular carácter del presidente Chávez nos regalaría un momento único que dejaría su impronta. Esa mezcla de coraje, firmeza, pasión y franqueza que latía en su ser, junto a su especial sentido del humor, carisma, espontaneidad y capacidad comunicacional, darían al traste con los tiesos protocolos, la hipocresía y el juego de apariencias de la falsa diplomacia; sobre todo en esos espacios que, como dice el mismo Comandante casi al final de su discurso, representan un sistema colapsado, meramente deliberativo y sin ningún impacto en la realidad mundial.

Había sobradas garantías de que sus palabras producirían fuertes emociones y efervescencia en la sangre, y así fue; que nos sentiríamos orgullosos de ser venezolanos y latinoamericanos, y así fue. Apenas inició su discurso, nos fuimos sintiendo protagonistas de una causa aún más universal que despertó en nosotros un sentido de hermandad hacia los pueblos del Medio Oriente que Míster Danger había ofendido al incluirlos en su larga y detallada receta diabólica: Afganistán, Irak, Líbano, Irán, Siria, Palestina y Darfur (Oeste de Sudán). Comprendimos mucho mejor su dolor y deseos de emancipación.

De igual modo, despertó nuestra conciencia crítica acerca de la ignominiosa injerencia del Estado de Israel en esa Región del mundo, en particular contra la martirizada Palestina. Un Estado genocida con el que, sin dudarlo, rompió relaciones ese mismo año, debido a las atrocidades cometidas por esos vándalos en el Líbano, entre otras muchas razones. Cada una de las sabias palabras de Chávez fue para recalcarnos que somos todos del Sur, un concepto geopolítico y no geográfico, que no hace referencia a las latitudes que se sitúan por debajo del Ecuador, donde respiran nuestros corazones, sino al sentimiento emancipador, descolonizador y antimperialista que nos une. Concepto que precisamente recae sobre esos mismos pueblos que el asesino global de Texas llama extremistas y terroristas.  

A este respecto, el Comandante analizó una de las más infaustas aseveraciones enunciadas por el díscolo Bush el día 19: “Hacia dónde quiera que usted mira, oye a extremistas que le dicen que puede escapar de la miseria y recuperar su dignidad a través de la violencia, el terror y el martirio”. Cuánta falacia e hipocresía hay en tan pocas palabras; representa toda la ideología fascista, supremacista, hegemónica, antislámica y racista yanqui, vomitada de forma súbita y sucinta. Síntesis del pensamiento opresor, quintaesencia del imperialismo.

No fue exagerado que Chávez dijera un “psiquiatra no estaría de más para analizar el discurso de ayer del Presidente de los Estados Unidos.” Pero no hizo falta la intervención de un especialista, todos comprendimos inmediatamente que el mundo corría un grave peligro con este verdugo alucinado que presentaba evidentes síntomas de paranoia y delirio de persecución, y que tenía en sus manos la capacidad de destruir el planeta atrapado en sus alucinaciones. En realidad, el poder del opresor es producto del exceso de soberbia que luego degenera en estupidez y finalmente en demencia.

Imposible no citar la respuesta contundente del eterno comandante Chávez: “Adondequiera que él (Bush) mira ve extremistas. Yo estoy seguro que te ve a ti, hermano, con ese color, y cree que eres un extremista. Con este color. Evo Morales, que vino ayer, el digno Presidente de la Bolivia es un extremista. Por todos lados ven extremistas los imperialistas. No, no es que somos extremistas, lo que pasa es que el mundo está despertando y por todos lados insurgimos los pueblos. Yo tengo la impresión señor dictador imperialista que usted va a vivir el resto de sus días con una pesadilla, porque por dondequiera que vea vamos a surgir nosotros, los que insurgimos contra el imperialismo norteamericano. Los que clamamos por la libertad plena del mundo, por la igualdad de los pueblos, por el respeto a la soberanía de las naciones, sí, nos llaman extremistas, insurgimos contra el Imperio, insurgimos contra el modelo de dominación.”

Con esto, Chávez estableció la diferencia ideológica entre los insurgentes del Sur y los moderados y reformistas que cuentan con el respaldado del imperio y se someten a sus deseos de explotación y dominación. En efecto, el indio Evo Morales se cuenta entre los primeros, es decir, es uno de los insurgentes de América Latina que, apenas fue electo a principios de ese año como presidente de Bolivia, se dio a la tarea de nacionalizar la explotación de los recursos naturales y llamar a una Constituyente. Eso es transformación revolucionaria y no reformismo aquiescente.

El emperador había mostrado toda su excrecencia en su discurso y arrojado en el caldero, como ingredientes de su macabra receta, esos dos conceptos: moderados y reformistas. También lanzó en el fétido caldo los nombres de dos de sus más leales y mitigados súbditos, dignos representantes de esos dos términos. Para vergüenza ajena, los señaló y ensalzó ante los representantes de todos los países allí reunidos y ante millones de personas en todo el mundo. Ellos son los verdaderos demócratas, los civilizados desde la torcida perspectiva dominadora.

Por Afganistán, el vencedor del “extremismo” y líder indiscutible del caos, el presidente Hamid Karzai, quien años después reconoció haber recibido dinero de la CIA durante más de diez años, entre otros desmanes; el mismo que nada pudo hacer en el 2013, cuando decenas de niños inocentes y civiles fueron masacrados por la OTAN. ¿Moderación o parálisis de la dignidad? Y por Irak, otro paladín de la justicia imperial y genuflexo de carrera, Yalal Talabani, quien el día anterior al discurso de Bush en la ONU dijo: “La presencia de EEUU … es vital para la democracia en Irak y en Oriente Medio” "No queremos hacer nada con lo que no esté de acuerdo EEUU".

Arte Con Ustedes/Rememorando el discurso del comandante Chávez en la ONU, una canción poLeonel Ruiz

Cabe preguntarse ¿Cuál es la situación de esos dos países hoy día? ¿Hay allí instauradas verdaderas democracias, predomina la paz y la justicia social? ¿Se justificaba la atroz invasión militar, el genocidio y la destrucción de casi toda la infraestructura civil? ¿Estos países han sido liberados o más bien sometidos por el poder barbárico de Estados Unidos y su sicario sionista? ¿Karzai y Talabani, así como los esperpentos y blandengues que les siguieron en la presidencia de esos dos países, o los de Libia, o la oposición moderada de Siria, son ellos demócratas o traidores de la causa árabe? ¿Son líderes o personajes de una tragifarsa; patriotas o grotescos bufos de lo absurdo?

Otra afirmación disonante del vaquero intoxicado que no se le escapó al comandante Chávez fue la referencia al conflicto entre el Líbano e Israel ocurrido ese mismo año. Un conflicto mucho más complejo de lo que el inculto de Washington es capaz de comprender y mucho menos articular. En todo caso, afirmó muy a la ligera que debido a la provocación de Hizbolá contra Israel, “muchos de ustedes (los libaneses) vieron sus hogares y comunidades atrapados en el fuego cruzado. Vemos su sufrimiento, y el mundo está ayudándolos a reconstruir su país y a lidiar con los extremistas armados que socavan su democracia al actuar como un estado dentro de un estado”.

Chávez le respondió a Bush de la siguiente manera: “Vaya qué cinismo! ¡Vaya qué capacidad para mentir descaradamente ante el mundo! Las bombas en Beirut y lanzadas con precisión milimétrica ¿son fuego cruzado? ¡Fuego imperialista! ¡Fuego fascista! ¡Fuego asesino! Y fuego genocida el del Imperio y el de Israel contra el pueblo inocente de Palestina y el pueblo del Líbano. Esa es la verdad!”

Con esta acusación el bravucón de turno en la Casa Blanca quiso celebrar que la oposición moderada del Líbano logró expulsar de su país al ejército sirio. Además de ser esto una media verdad, no mencionó la desbandada de las tropas israelíes de la región sur en el año 2000, luego de veintidós años de ocupación, gracias a la acción de Hísbolá. Nos presentó a una Israel victimizada que se vio obligada a defenderse. No mencionó que, entre 1979 y 1983, los servicios secretos israelíes llevaron a cabo una campaña masiva de sabotajes y atentados que causaron la muerte de cientos de civiles palestinos y libaneses.

Tampoco recordó que, en 1981, el sionismo asesinó a centenares de inocentes al bombardear las oficinas de la OLP en Beirut. Ni la Operación Uvas de la Ira en 1996, que ocasionó la Masacre de Qana, al sur del Líbano, luego de que la artillería sionista atacó un complejo de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas. Ni tampoco el remake (nueva versión) de ese fatídico acontecimiento en julio del año 2006, cuando Israel volvió a invadir el Líbano para rescatar a dos soldados de su contingente, dejando a su paso muerte y destrucción. Al menos cuarenta niños murieron en esa misma población bíblica de Qana.

Como si fuera poco, los israelitas destruyeron por enésima vez la antigua ciudad de Tiro, Patrimonio de la Humanidad, entre innumerables atropellos desproporcionados y violaciones flagrantes del derecho internacional. Es el modus operandi tanto de los Estados Unidos como de Israel. Actúan por su cuenta y le muestran el dedo grosero al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cada vez que quieren cometer sus fechorías.

Finalicemos por el principio de este discurso pronunciado por el valiente comandante Chávez. Los primeros minutos encierran quizás las frases más recordadas. Apenas terminó el vocativo de rigor, Chávez hizo algo poco común en un mandatario, recomendó un libro, pero no cualquier libro, sino Hegemonía o Supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos del reconocido intelectual estadounidense Noam Chomsky.

Difícilmente un líder o presidente levantan en su mano un libro para hacer referencia a su contenido y a su autor, y mucho menos con la intención de dar un mazazo al estatus quo, a las elites hegemónicas en sus propias narices y delante de representantes de todos los países del mundo. También recordamos que este inolvidable y feliz atrevimiento hizo que, en pocas horas, el libro de Chomsky se convirtiera en uno de los más vendidos en Amazon.com y en la red de librerías Barnes and Noble, en el mismísimo Estados Unidos. Él estaba consciente de que al recomendar la lectura de esa obra, reforzaría aún más la difusión del pensamiento antihegemónico, que era el tema tratado por él en esa tribuna. 

Esto no nos pareció extraño dado que el comandante Chávez era un gran promotor del libro y la lectura, siempre andaba por toda Venezuela y el mundo reseñando sus libros de cabecera. Leía o citaba de memoria algún pasaje, convertía su comentario en una clase magistral y destacaba la utilidad de aquellos contenidos para el desarrollo del pensamiento crítico o para analizar alguna coyuntura. Cada uno de los libros que él citaba era luego buscado en las librerías por miles de personas para ser leído.

Pero seamos francos, lo que quedó grabado en la memoria y que siempre arrancará una satisfactoria sonrisa en todos nosotros, los insurgentes, fue la merecida mofa desacralizadora que retumbó en aquella sala: Ayer vino el Diablo aquí... ¡Huele a azufre! …

Ramón Medero

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