Hombre y mujer. Seres Recíprocos y Complementarios

Segundopaso - La vida humana existe disyuntivamente: se es varón o mujer, y ambos consisten en su referencia recíproca intrínseca: ser varón es estar referido a la mujer, y ser mujer significa estar referida al varón.

Ana María Araújo de Vanegas, Doctora en Filosofía (Roma), Especialista en Educación y Asesoría Familiar y Profesora titular de Antropología Filosófica, Universidad de La Sabana (Colombia) expone algunos elementos para clarificar qué significa ser mujer y ser varón, y por qué las demás alternativas de género, solo culturales, son intentos de disyunciones que no coinciden con el ser real del varón y de la mujer.

La autora en su interesante artículo: Complementariedad y mujer cuestiona algunos postulados de la ideología de género y argumenta por qué ni la mujer ni el varón pueden ir en contra de su propia naturaleza. Hombre y mujer son dos realidades referidas recíprocamente la una a la otra; al entrar en crisis una, necesariamente entra en crisis la otra. Hoy se ha venido presentando una disociación entre los aspectos biológicos, noológicos, culturales y sociales; por lo tanto, conviene preguntarse qué se entiende por sexualidad y qué por género, y si son términos excluyentes o caras de una misma realidad: el ser humano. A continuación, una sinopsis de su exposición:

El proceso de identificación con el propio sexo:

Resulta conveniente dar una mirada al asunto de la identificación con el propio sexo. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, habitualmente, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social.

Sexo biológico: “Sexo genético o cromosómico más sexo gonadal, responsable de la actividad hormonal, más sexo somático o fenotípico, que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Cada célula femenina es diversa de la masculina, existen también diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino”.

Sexo psicológico: “Se refiere a las vivencias psíquicas como varón o mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2-3 años y suele coincidir con el sexo biológico”.

Sexo sociológico (o civil): “Asignado a una persona en el momento del nacimiento. Se refiere a las funciones y roles (y estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas”.

Estos tres factores normalmente se integran en un proceso más amplio, consistente en la formación de la propia identidad personal y sexual, en el cual se dan cita los factores bio psíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo, y una identidad genérica, que descubre los factores psicosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad. En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan.

La orientación sexual (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad), de la que hoy se habla tanto, hace referencia a la preferencia sexual como un determinante, situación subjetiva e inducida muchas veces por un marketing social. Estas conductas sexuales tienen un margen muy amplio de libertad y de experimentación, que tanto en la mujer como el varón pueden extraviar su sexualidad genuina. Esto tampoco significa que la base biológica cambie, el problema está en la manipulación psico social que se está dando a nivel mediático, basado en una agenda internacional que detrás del activismo de una minoría con preferencias sexuales diferentes, se pretende descaminar la lucha por los verdaderos derechos humanos: el genocidio, el intervencionismo, el racismo y la xenofobia, principalmente, desviando la atención de grandes problemas económicos, sociales y políticos, tratando de imponer formas de pensar que responden a oscuros intereses.

La naturaleza y la cultura, que son dos grandes modeladoras de los aspectos personales del ser humano, están entrelazadas, desde el principio, muy estrechamente. Pero es un hecho que, cotidianamente varones y mujeres, en muchos aspectos, experimentan el mundo de forma diferente, solucionan tareas de modo distinto, sienten, planean y reaccionan de manera desigual, lo cual indica una intrincada relación entre lo biológico, lo cultural y la propia libertad, que debe ser guiada. La autora expresa en forma contundente:

“Ni la mujer ni el varón pueden ir en contra de su propia naturaleza sin hacerse desgraciados. La ruptura con la biología no libera a la mujer, ni al varón; es más bien un camino que conduce a lo patológico”.

“La condición sexuada no consiste en los términos de la disyunción, sino en la disyunción misma. La noción <sexo> es ya por sí misma disyuntiva, y por eso no es fácil de definir. Por eso mismo la homosexualidad es contradictoria intrínsecamente, y cuando existe exige un artificial <desdoblamiento>, es decir, una <disyunción> interna a un sexo”

No se trata solo de una diferencia, sino de una disyunción. En efecto, la vida humana existe disyuntivamente: se es varón o mujer, y ambos consisten en su referencia recíproca intrínseca: ser varón es estar referido a la mujer, y ser mujer significa estar referida al varón. Ni uno ni otra pueden definirse aisladamente. Por eso no hay mera diferencia, sino disyunción, polaridad; se es una cosa u otra, y cada una de ellas complica o complica a la otra.

Si volvemos la mirada al tema de los roles en los cuales estaban instalados el hombre y la mujer, estos han venido siendo modificados por nuevas ideas, que irrumpen en el mundo, por ejemplo, la revolución industrial y la modernidad abrieron para la mujer las puertas del trabajo fuera del hogar y del campo, y al hombre las del mundo familiar, afectivo y del cuidado por la vida cercana. Estas situaciones sociales han alterado sus roles, pero no han cambiado su esencia.

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