Afganistán: el “Segundo” Gran Juego en Asia Central

Segundo Paso para Nuestra América.- Omar José Hassaan Fariñas responde a su propio planteamiento sobre la relación que existe entre la carrera espacial que llevan adelante tanto Rusia como China y el complejo sistema de rivalidades geopolíticas en Asia Central (Medio Oriente), específicamente en Afganistán. Todo este gran juego demuestra que estamos ante una nueva Guerra Fría.

¿Qué tiene que ver todo esto con Afganistán y los Talibanes? Nada, de primera vista, y ese es el problema principal que deseamos abordar aquí. Ahora bien, quien suscribe solo posee 43 años de edad, por lo cual no fui contemporáneo de figuras como Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev, pero si estoy al tanto de cómo los gringos y los soviéticos durante esos años mantuvieron una fuerte y agresiva competencia en el ámbito espacial: ¿Quién sería el primero en colocar un satélite en orbita? ¿Quién enviaría el primero animal al espacio? ¿Quién sería el primer hombre en el espacio? ¿Quién llegaría a la luna primero? etc. No es una exageración reafirmar que la carrera espacial era uno de los ámbitos mas emblemáticos de esa primera guerra fría. Incluso, luego del colapso de la Unión Soviética, y durante los últimos años de la triste y lamentable era rusa de Boris Yeltsin, cualquier logro ruso en el espacio – de los pocos que efectivamente se dieron – fue genuinamente celebrado por los gringos, ya que la Guerra Fría (la de entonces) había terminado.

Lo hemos indicado antes – incluso, desde que se dio la Guerra de Osetia del Sur de 2008 – y lo seguiremos afirmando: nos encontramos en plena guerra fría, entre Estados Unidos, por un lado, y Rusia y la China, por el otro. No obstante, y porque habitamos en un mundo multipolar – a pesar de las fantasías monopolar de los gringos y sus apologistas como Francis Fukuyama –la nueva dinámica de esta Guerra Fría carece de una profunda división ideológica (lo cual nunca ha sido un elemento constitutivo de una Guerra Fría, en primer lugar), pero si exhibe múltiples polos de poder, lo cual amplifica substancialmente la compleja dinámica de interacciones en el marco de las rivalidades geopolíticas globales: India, Pakistán, Irán, Turquía, etc.

La nueva carrera espacial es una forma bastante adecuada para medir el grado de antagonismo geopolítico y la presencia de una guerra fría, en el sistema internacional en cualquier dado momento sociohistórico. Es un ámbito en el cual la rivalidad no puede ser ocultada o disfrazada como suelen hacer los analistas y periodistas occidentales que pretenden ocultar estas rivalidades (hasta recientemente lo hacían), para otorgar la falsa esperanza que Estados Unidos aun representa el indisputable polo de poder en el sistema internacional. La carrera y rivalidad espacial es una clara señal de la guerra fría de nuestros tiempos, y la guerra en Afganistán es, al igual, otra, tan manifiesta y evidente como la carrera para colonizar la Luna y llegar más allá del planeta rojo. Solo que en nuestros tristes tiempos no logramos ver claramente la conexión entre un rover chino paseando por “Utopia Planitia” (una zona en el Planeta Marte) y los representantes de los Talibán sentados en la misma mesa de negociaciones con los gringos (2018), los mismos gringos que fueron a ese país centroasiático hace dos décadas, justo con el objetivo de erradicar el mencionado grupo insurgente. Simplemente, son dos fases muy distintas de un mismo proceso: la Guerra Fría del Siglo XXI.

Este modesto artículo no posee ni el espacio, ni mucho menos la ambición analítica para demostrar detalladamente el grado de cooperación y los esfuerzos que colocaron naciones como Rusia, China, Pakistán e Irán para lograr el triunfo de los Talibanes y la salida de los gringos de la Asia Central. En otras circunstancias, es inimaginable pensar que pudiera existir una cooperación estratégica entre la Revolución Islámica de Irán (chiitas) y los Talibanes (sunnitas), o, incluso, entre un régimen laico y militarista (ataturkista, si deseamos ser más precisos, sociohistóricamente) como el de Pakistán, y los mismos Talibanes. Menos aún la cooperación entre Rusia y los Talibanes, la primera, heredera de los soviéticos que invadieron a Afganistán, y los segundos, herederos de los muyahedines que lucharon contra los soviéticos, en ese mismo país centroasiático.  

El primer triunfante en este larga y dolorosa guerra contra los gringos después de los Talibanes es Pakistán, país que ha realizado maniobras acrobáticas en la diplomacia internacional como pocos pueden, para sostener una relación estratégica con la China, Estados Unidos, los rusos y los Talibanes, todos y de manera simultanea, con un acto de “funambulismo diplomático” que logró equilibrar entre los dos enemigos (Estados Unidos y los Talibanes) y entre la China y su rivalidad geopolítica con la India. Pakistán logró lo que pocos pudieran realizar: destruir paulatinamente los esfuerzos bélicos gringos enfrente de ellos mismos, sin que estos puedan tomar represalias, ya que, hasta cierto punto, los gringos necesitan más de Pakistán que viceversa. Otros han logrado derrotar a los gringos, pero los pakistanís lograron esto siendo sus aliados, lo que al humilde criterio de quien suscribe, es un triunfo único y espectacular.

La República Islámica, desde su concepción en 1979, ha sido un adversario de los gringos y difícilmente cesará de serlo, en las próximas décadas, al menos que sea borrada de la faz de la tierra (irrealizable sueño de los gringos y los sangrientos sionistas). A pesar de los ocho años de guerra contra la Irak de Saddam Hussein, la invasión gringa al país árabe no mejoró del todo la posición persa: por un lado, Irak pasó de ser un enemigo de Irán, a un ámbito en el cual se abren grandes posibilidades para un aliado incondicional de Teherán, justo lo que las monarquías del Golfo no deseaban. Por el otro, colocó a los gringos como “vecinos” de los persas, y, desde entonces, se evidencia una intensa guerra fría (en el sentido de que lo “caliente” de este conflicto se da en el territorio de terceros) entre Estados Unidos, los Sionistas y las monarquías del golfo Pérsico por un lado, e Irán y sus aliados, por el otro. A ese desastre entró – brillante y maquiavélicamente – el señor Vladimir Putin. Desde entonces, Rusia, heredera de la Unión Soviética, país que era menos relevante que un cero a la izquierda durante la presidencia del querido y “Darling” de los gringos, Boris Yeltsin, tiene ahora un rol estratégico en cada conflicto del Medio Oriente, algunas veces incluso sin la presencia gringa, asunto inédito hace solo una década.

¿Cómo pudiera ser esto aún más complejo? Pues arrojamos en la mezcla al ambicioso y estratégico Recep Tayib Erdogan, y ya tenemos los ingredientes principales (aunque no los únicos) de la ultracompleja situación del Medio Oriente. Estas dinámicas son las que llevaron a Irán a apoyar a los Talibanes en su victoria contra Estados Unidos. Hasta cierto punto, mientras que los gringos del gobierno de Reagan fueron los patrocinadores de los Muyahedines de Afganistán durante la década de 1980 – con el fin de derrotar a los soviéticos – los chinos, los persas, los pakistanís y los rusos son los patrocinadores de los Talibanes, durante las primeras dos décadas del Siglo XXI – con el fin de derrotar a los gringos. Ahora vamos a tomar prestado del intrépido y sagaz expresidente estadounidense George W. Bush sus propias palabras apresuradas y poco sabias, después de su supuesta “victoria” en Irak: “Mission Acomplished”, solo que quienes efectivamente cumplieron esta misión, constituyen un grupo de potencias poco probables e incongruentes, unidos solamente por un objetivo monolítico, claro, preciso y sobretodo, fácil de comprender: expulsar a los gringos de la Asia Central.

¿Qué deseamos dejar como punto principal de este pequeño documento analítico? Sencillamente, para todos los analistas de la dinámica internacional, para todos los estudiosos de la realidad social global: Estamos en plena Guerra Fría, y esta versión no es la sencilla del Siglo XX, sino la altamente compleja del Siglo XXI, la que es multipolar y multifacética, justo como la comprendió tan brillantemente el Comandante Hugo Chávez, hace veintitrés años (en 1998, antes de todos nosotros).

Entonces, cuando deseamos comprender y contextualizar un suceso en el ámbito internacional, es muy probable (aunque no es una regla inflexible) que este debe ser remitido a las realidades y dinámicas de este complejo sistema de rivalidades geopolíticas, el cual posee varios estratos, entre globales (Rusia/China y Estados Unidos), globales/regionales (Turquía/Rusia y Estados Unidos/Unión Europea) y regionales (Arabia Saudita/Monarquías del Golfo e Irán/Siria/aliados), entre tantas otras dinámicas del sistema internacional. No se sorprendan de la relación intrínseca que pudiera existir entre el rover marciano de los chinos y la humillante sentada de los gringos – como iguales - ante los “bárbaros” que ellos pretendieron erradicar, pues estos dos y tantos otros elementos que pudieran ser hasta más discordes que los recién señalados, conforman parte de un complejo proceso sociohistórico global que es el deber de todo analista internacional comprender, analizar y luego proyectar, pedagógicamente.

Omar José Hassaan Fariñas

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