Cuba enfrenta la subversión en las redes sociales. Parte III

Segundo Paso para Nuestra América.-

El Covid 19 despertó el interés por las redes sociales

En Cuba, como en el resto del mundo, el confinamiento en los hogares y la estrategia de aislamiento y distanciamiento social por la pandemia de Covid 19 favoreció la necesidad del uso del internet para la educación a distancia, el teletrabajo y la comunicación interpersonal, basados en la utilización del streaming para la distribución digital de contenido multimedia a través de las redes sociales.

Como se ha constatado, esta coyuntura fue aprovechada por los sectores políticos, los grupos terroristas, los extremistas, los supremacistas, el fascismo y hasta los carteles de la droga para expresar narrativas y generar determinados estados de ánimos en grupos y sectores de la población cubana.

Los estudios publicados al respecto coinciden en que las novedosas plataformas de comunicación e información aumentan la “polarización” como estrategia geopolítica mundial, encaminada a debilitar los estados nacionales a través del fomento de la pérdida de confianza y legitimidad de los gobiernos, acusándolos de corruptos, narcotraficantes cuando resultan incómodos o no se comportan como aliados del imperialismo. El método para acabar con esos “gobiernos del mal” es la guerra hibrida que combina el reclutamiento de paramilitares como fuerza de tarea de ocupación, la utilización de mercenarios y grupos criminales radicales en distintas regiones del país a destruir.

Fuentes consultadas coinciden en la idea de que estos grupos han diseminado intencionadamente teorías conspirativas difusas sobre el origen del Covid-19 que generalmente atribuyen a los gobiernos, determinadas etnias o religiones, supuestas redes secretas, compañías o empresarios, que, según ellos, tienen objetivos como la aniquilación de la población, el control mundial o enriquecerse mediante la venta de vacunas, tratamientos y la implantación de dispositivos de control de la actividad biológica humana. En todos estos casos, los grupos afirman tener “el verdadero conocimiento” sobre el origen del Covid-19.

Los mensajes a menudo se personalizan para coincidir con la audiencia y las ideologías de estos actores violentos no estatales. Por ejemplo, en grupos de extrema derecha de Estados Unidos han circulado teorías que culpan a los inmigrantes, a los extranjeros como los propagadores del virus de Covid 19 y de señalar a China como la responsable interesada de la creación de la pandemia y su propagación.

El peligroso comportamiento gestual y del lenguaje en las redes sociales.

El comportamiento en cámara de los youtuber e influencer expresa sobreactuación, es decir, transmitir mucha artificialidad en el monólogo y la gestualidad. También al transmitir la sobrevaloración del escenario haciendo denuncias que son prueba de que el control “totalitario del régimen” es mentira, poniendo al descubierto que detrás del supuesto “activismo político” hay fines oscuros.

Existen los seres imaginarios sin rostro, los “enmascarados”, que de uno y otro lado abordan temas espinosos y por eso esconden sus identidades. La línea editorial de youtuber e influencer varían, unos defienden la cubanía, los valores patrios, la defensa de la unidad de nuestro pueblo, el diálogo entre cubanos, el levantamiento del bloqueo; y otros atrincherados en la gestualidad agresiva y el lenguaje ofensivo, fascista, intentan desde la soledad del micrófono convertir a la isla en un campo de guerra.

Hay que recordar que la palabra es una herramienta poderosísima de la comunicación. Podemos hacer mucho bien con nuestro decir o podemos literalmente destruir al otro con el insulto, la calumnia y el agravio. Si bien las redes sociales produjeron una explosión discursiva: todo se “democratizó” y la “libertad de expresión” puso en pie de igualdad a cualquier usuario, son muy preocupantes las expresiones dañinas y discriminadoras que como trasfondo esconden e infunden el “miedo” bajo una gruesa capa de indignación. Actitudes de falsa rebeldía que producen los malentendidos y conflictos que planificados aspiran polarizar e imposibilitar el diálogo.

La violencia verbal en las redes ha sido estudiada por algunos académicos, como es el caso de la lingüista norteamericana Deborah Tannen, quien en su obra La cultura de la polémica, demuestra cómo se instalaba en la democracia estadounidense una cultura bélica (“polémica” viene del griego polemós: batalla o guerra).

En la actualidad, el nivel altísimo de agresión verbal en las redes sociales es preocupante y la “grieta”, a favor de la “libertad de expresión”, se transformó en abismo que preocupa a los gobiernos y ponen en peligro la convivencia de la familia, la comunidad y las naciones, sobre todo de aquellas que no están alineadas con el imperialismo.

La psiquiatría demostró hace ya mucho tiempo que las personas son capaces de agredir mediante la palabra cuando están cargadas de crueldad y violencia. En el caso del comportamiento en las redes sociales se manifiesta una mezcla oscura de instintos y razón, descrita por varios autores como "desinhibición en línea", patología que se manifiesta como la falta de control que se siente al comunicarse, en contraste con lo que generalmente ocurre en la comunicación presencial. Un comportamiento además reforzado por el anonimato, la no coincidencia temporal entre la emisión y la recepción de los mensajes y la falta de empatía (capacidad de percibir lo que el otro puede sentir), que contribuyen de manera fundamental a este fenómeno.

Qué es el “efecto de desinhibición on-line”

Los expertos en salud mental trabajan para definir esos comportamientos. Por ejemplo, las investigaciones de John Suler, de Rider University en Estados Unidos, coinciden con otros, en plantear que los ambientes virtuales como Twitter, estimulan aspectos de la personalidad ocultos y denomina este fenómeno “efecto de desinhibición on-line”. Además, Suler dice que al “enmascarar sus identidades”, las personas son agresivas, irresponsables y cambian su personalidad.

En el mundo on-line las personas agresivas ven a sus víctimas como seres imaginarios y sin rostro que no tienen sentimientos y son indignas de empatía, cosa que no ocurre en la vida real, donde los mensajes agresivos generalmente son respondidos de inmediato por la persona que está al frente. Y produce desde el cambio en la expresión facial, el tono de voz, el lenguaje corporal hasta la agresión física.

Grupos violentos se han sentido atraídos por la “gran libertad” en términos de contenidos que brindan estos servicios de internet, mensajes que, al mismo tiempo, dificultan a los organismos encargados de hacer cumplir la ley el control de las actividades extremistas. Según expertos es probable que esta tendencia se refuerce a medida que avanza la pandemia Covid 19.

Otra tendencia que empeora la situación es el uso malintencionado de social bots o chatbots, es decir, el empleo de algoritmos informáticos que producen contenido automáticamente, interactúa con humanos en las redes sociales e intentan influir en su opinión y comportamientos.

Los bots (abreviatura de robot) sociales se están convirtiendo cada vez más en la herramienta esencial para campañas de desinformación orquestadas a gran escala en las redes sociales. El estudio de la Universidad Carnegie Mellon plantea que el 45% de las cuentas de Twitter que comparten más de 200 millones de mensajes sobre el coronavirus probablemente sean bots.

Los mensajes que alimentan las narrativas falsas sobre la pandemia, entre enero y mayo de 2020, los estudios determinaron que los grupos de extrema derecha y asociados con el EIIL (Daesh) y Al-Qaida que poseen suficientes conocimientos para utilizar maliciosamente bots sociales para promover su retórica y captar y radicalizar nuevos afiliados.

Estas estrategias se han utilizado de manera especial en Cuba y los eventos recientes son, en buena parte, el resultado de esa "gran libertad" que permiten las redes. La necesidad de mayor libertad de expresión y comunicación que tanto proclama Estados Unidos, el acceso a internet y el uso de las redes sociales, no es otra cosa que un "caballo de Troya" para desestabilizar a nuestras naciones independientes, revolucionarias, nacionalistas y las organizaciones progresistas reciben el ataque constante a través de estas herramientas que se suman a las campañas de subversión dirigidas a atacar el estado-nación. De ahí, la necesidad de reforzar la vigilancia en las redes sociales y educar a la población en el uso de las mismas que permitan identificar esas narrativas perjudiciales, propiciadas por el expansionismo imperialista a través del poder del sionismo internacional, ejecutados por sectores económicos, financieros y militares, los verdaderos generadores del terrorismo.

Luis R. Lima Hernández

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