Cuba: “Hay muchas necesidades acumuladas y contradicciones, cómo no, pero el odio no es una necesidad"

Segundo Paso para Nuestra América.- En esta entrevista a Giorgina Alfonso, presidenta del Instituto de Filosofía de Cuba, se revisan los nudos críticos y desafíos de la Revolución Cubana en pleno siglo XXI. Se trata de una reflexión crítica acerca de la situación socio política actual, luego de las protestas del 11 de julio en varios territorios de la isla. Qué sucede en Cuba tras las reformas político económicas internas, en plena era de la digitalización y en medio de la crisis pandémica. Cómo ha impactado en el pueblo cubano el vergonzoso acorralamiento imperialista con más de sesenta años de embargo, veintinueve años de la aplicación de la Ley Torricelli y un año de la aplicación de la Ley Helms Burton.

SPNA: La Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton, promulgada en 1996 por el ex presidente norteamericano Bill Clinton y aplicada desde 2019 por el ex presidente Donald Trump, ha dejado una serie de estragos en la nación cubana, sumados a las consecuencias inhumanas del bloqueo unilateral que ya sobrepasa más de 60 años. Más allá de la información mediatizada, ¿Cuáles son las verdaderas consecuencias de éstas a lo interno de Cuba?

GA: Esta guerra ha sido practicada por más de 10 administraciones norteamericanas, dejando constancia de ellas en leyes, reglamentos, ordenanzas, todo ello violando las normas del derecho internacional y la moral de convivencia cívica internacional, como es el rechazo permanente del bloqueo en las Naciones Unidas, que sin embargo no logra su eliminación.

La desintegración del campo socialista tuvo además un fuerte impacto en la sociedad cubana, y de alguna manera esto aumentó las expectativas del gobierno de los Estados Unidos, para que a partir de los años noventa se recrudeciera aún más el bloqueo, con la Ley Helms Burton, la Ley Torricelli, y desde los años 90 para acá, no han cesado de tomarse medidas para volver más crítica la situación del bloqueo y la situación de vida del pueblo cubano.

Las consecuencias en la vida cotidiana de estas formas de guerra que constituyen los bloqueos, a veces se invisibilizan, y como la vida privada por lo general cae en un campo invisible, entonces se ocultan muchas de las consecuencias que el bloqueo tiene sobre la vida de las personas. No creo que se reconozca y que se sepa realmente lo que ha sido la historia y la realidad de bloqueo para el pueblo cubano. Las cubanas y los cubanos hemos tenido que crecer y sobrevivir, pensar, crear y desarrollarnos en condiciones absolutamente injustas e injustificables.

Este engendro genocida no siempre se hace visible para la sociedad civil internacional, hay una manipulación global por los medios de comunicación donde se pretende presentar el bloqueo como un diferendo entre los gobiernos cubano y norteamericano, ocultando la verdadera esencia y el sentido de guerra que tiene este bloqueo.

SPNA: A un año de la aplicación de la Ley Helms Burton, durante 2020, el propio Presidente Díaz Canel alertaba a la población cubana sobre la proximidad de un período más difícil, con limitaciones económicas en diferentes áreas, limitaciones en el acceso y mantenimiento de servicios, entre otros ¿Hay relación entre los escenarios alertados y la situación de protestas de los últimos días en Cuba?

GA: Por supuesto que lo que está aconteciendo en Cuba en los últimos días tiene que ver directamente con el recrudecimiento del bloqueo, porque oportunistamente el gobierno de los Estados Unidos se aprovecha de las situaciones internas que tenemos, vinculadas a la crisis económica política y social, y promueve otras medidas más fuertes para dar un golpe mortal a la reorganización de posibles alternativas que permitan recuperar un mejor nivel de vida de la población, y un control hegemónico desde perspectivas emancipadoras en el contexto cubano, y de alguna manera de su influencia en el contexto regional.

Hoy la vida cotidiana del pueblo es muy compleja, hay desabastecimiento de productos de primera necesidad, largas colas para adquirirlos, escasez de medicamentos, falta de electricidad en épocas de fuertes calores, salarios que no alcanzan, incremento elevado de los precios, demora en la efectividad de las medidas económicas que se han planteado para revertir la crisis, muchas veces estas medidas no han llegado a lugares con la coherencia y la sistematicidad necesaria para que tengan un impacto directo y rápido sobre la calidad de vida de la población; hay brechas de desigualdad que aumentan y se incrementan en este contexto, y no siempre tiene que ver con el impacto del bloqueo, también tiene que ver con medidas de distribución, formas de distribución interna que favorece unos territorios en detrimento de otros.

Hay transporte público limitado por la falta de combustible, que está relacionado a que Estados Unidos no permite el ingreso de barcos con combustible hacia Cuba, eso hace entonces que se afecte directamente el suministro de energía. Y el combustible no solo para uso del transporte público, sino para poder cocinar en casa, y para poder trabajar en las industrias. A esto se suma todo el impacto del cambio climático, hay lluvias torrenciales, huracanes, que afectan directamente cultivos y viviendas, profundizando también las dificultades. Todo esto en un contexto de pandemia, donde hay un rebrote que ha hecho que colapse, en algunos territorios, la infraestructura de atención sanitaria.

SPNA: Diferentes intelectuales, pensadores y opinólogos denuncian un viraje político a lo interno de la revolución cubana, ¿Qué hay de cierto en esto? ¿Qué está pasando realmente al interior de la sociedad y la política cubana?

GA: Ya desde hace un tiempo, se pueden constatar tensiones y contradicciones que impactan y tienen que ver con la reconfiguración socio clasista de la sociedad cubana, donde se modifican patrones de vida y al mismo tiempo patrones ideológicos y culturales. Se va instalando una despolitización del proyecto social revolucionario, que se asume con naturalidad, y al mismo tiempo hay una expansión y un afianzamiento creciente de posturas conservadoras, acríticas, sobre lo que acontece en la sociedad, que se juntan con estos patrones de consumismo e individualismo, y que la estrategia de dominación imperialista impone.

Esto deja muchas lecturas y reflexiones. En América Latina en los últimos años la experiencia nos enseña que aunque se tomen medidas a favor de los sectores más humildes y populares, no hay garantía del apoyo de éstos a procesos emancipadores por un lado, y por el otro lado significa también, en el caso de Cuba, que hay una fractura significativa con el proyecto social de la revolución, y que hay que pensar en la manera en podamos recuperar esa subjetividad, ese sentido colectivo del proyecto de la revolución, que es para mejorar la vida de las personas. Entonces tenemos preguntas que respondernos: cómo involucrar más a la gente, cómo incentivar la participación popular en la toma de decisiones y que las personas se sientan parte de este proceso.

Para esto hay elementos de transformación de la sociedad que hay que atender, cambios en la estructura demográfica social, envejecimiento de la población, olas migratorias internas, estratificaciones sociales significativas a las cuales el pueblo cubano no estaba acostumbrado. Conviven en un mismo espacio, gente de diferentes posicionamientos clasistas que definen estatus y condiciones de vida diferentes en un mismo entorno geográfico, entonces todo esto hace que debamos mirar a la revolución y al proceso de una manera diferente, que haya que ir a buscar otras maneras de construir y hacer lo político, lo económico, lo estético, lo ético, en una integralidad de valores humanistas solidarios, internacionalistas, y estos son desafíos que nos quedan.

Pero debe quedar claro también, que el pueblo cubano no está acostumbrado a enfrentarse entre sí. Nosotros hemos vivido 60 años de bloqueo y amenazas, pero no somos un pueblo violento, nos gusta la tranquilidad ciudadana. Es un derecho. Es una demanda, y es uno de los principios de esta revolución. Hay muchas necesidades acumuladas y contradicciones, cómo no, pero el odio no es una necesidad. Entonces esto también dice de toda la manipulación e incitación que hay, y nos obliga a pensar en qué tenemos que hacer para evitar que eso se repita.

No todo el que es cubano es revolucionario, es verdad, la revolución no es aspiración de todas las personas, pero el proyecto social tiene que ser para todas las cubanas y los cubanos un proyecto de libertad, de emancipación, de dignificación, de soberanía e independencia, y a eso no vamos a renunciar.

SPNA: En toda la extensión latinoamericana se han promovido u originado procesos sociales/políticos de protestas o manifestaciones sociales como ahora en Cuba. El caso boliviano de reciente data y el caso venezolano, son algunos ejemplos; pero también los casos de Colombia, Haití, Perú y Chile entre los más emblemáticos, han experimentado luchas populares intensas, sin embargo ¿Cuáles son las diferencias o contrastes entre éstas en el contexto político de la región?

GA: Se ha tratado de comparar los acontecimientos que han ocurrido en Cuba en los últimos tiempos con experiencias en otros países, y sí me gustaría dejar claro que hay una diferencia esencial, y es que esto se da dentro de un proyecto social revolucionario que sigue siendo el de la revolución cubana, y la posibilidad de reconstruir y fortalecer ese tejido popular solidario que ha sido el cimiento de la revolución cubana, no la hemos perdido. En Cuba el espacio social comunitario tiene potencialidades a favor del proceso revolucionario, aunque es cierto que se abre una brecha, un corredor a favor del capitalismo y del retorno del capitalismo en Cuba, pero el consenso a favor de la revolución sigue siendo mayoritario. Hay una posibilidad de movilizar actores, recuperando ese tejido social popular revolucionario desde lo creativo, desde lo cooperativo, con horizontes de lucha frente al capitalismo, y eso nos diferencia de un contexto regional donde la lógica predominante es la lógica del capital, y no la lógica de la sostenibilidad de la vida. El proyecto social revolucionario en Cuba se fundamenta en una batalla cultural educativa, civilizatoria, antipatriarcal, antidiscriminatoria, anti depredadora de la ecología, y descolonizadora de ese pensamiento hegemónico de la maximización de las ganancias, y precisamente esa es la fundamental lección que nos deja esta experiencia de lo acontecido estos tiempos, la necesidad de trabajar de manera unida desde lo institucional o no institucional, desde todos los espacios productivos, desde los espacios comunitarios, para recuperar ese tejido social solidario que ha sido el fundamento del proceso cubano. Hay que impulsar la defensa de una producción nacional que nos garantice soberanía alimentaria, hay que frenar la desregulación del mercado y tratar de no perder la perspectiva, evitar un Estado con actitud mercantilista.

Hay que seguir fortaleciendo la complementariedad de los actores sociales y económicos, donde predominen los intereses para el bien común, y que el sentido de la economía no sea el mercantilismo, sino que sea la satisfacción de las necesidades de la población, pero no en un largo plazo, sino en un corto plazo, dotando a las iniciativas productivas locales de mayor autonomía. No hay que esperar la subordinación central para poder potenciar que en los espacios locales se desplieguen iniciativas productivas, que puedan dar soluciones inmediatas a los problemas que tenemos. Convirtiendo el trabajo en el reconocimiento social más importante.

SPNA: ¿Cuáles son las lecciones aprendidas, o por aprender, en este contexto en Cuba, faro de la revolución latinoamericana?

GA: Pensar el desarrollo, un desarrollo que no puede venir solamente como desarrollo económico. El desarrollo tiene que ser un proceso cultural transformador. Hemos perdido la visión del desarrollo como proceso cultural transformador para poner una visión del desarrollo economicista y en todo esto, en la lucha y el combate contra la corrupción y los desvíos, el control y la participación popular son importantes, para frenar esas brechas de desigualdad.

Construir una economía social diversificada, participativa y de responsabilidad social, para crear ambientes creativos, ambientes de trabajo colaborativo, para hacer una comunicación social veraz oportuna y atractiva, y que no nos dejemos robar las redes sociales por el enemigo, son también lecciones aprendidas en estos momentos que tienen que ver con la forma en que vamos hacer efectiva la justicia social, la equidad, y las oportunidades para todas las personas.

Código para noticias 1764

etiquetas

Su comentario

Usted está respondiendo
Indicio de comentario
3 + 11 =