publicado el: 23 octubre 2021 - 20:38

ELUCIDARIO AMERICANO

El sentido de la vida en Horacio Quiroga

Autora: Alexandra Mulino. Ilustración: Etten Carvallo
El sentido de la vida en Horacio Quiroga

Segundo Paso para Nuestra América.- La Colección “La expresión americana”, de la Biblioteca Ayacucho, publicó, en un solo volumen, dos textos de Ezequiel Martínez Estrada: El hermano Quiroga y Cartas de Quiroga a Martínez Estrada. Textos fundamentales que permiten conocer tanto la extraordinaria relación intelectual y humana entre estos dos personajes como aspectos medulares que atravesaron la trágica pero fructífera vida de Quiroga. En este sucinto trabajo, se aspira exponer particularidades del intelectual uruguayo pero sin subestimar su magnífica y nutrida relación vital con Martínez Estrada.

1. El único que no sale del paso es el creador, cuando la muerte lo siega verde , (Ezequiel Martínez Estrada, 1995, p. 113).

Quiroga (Salto, Uruguay, 1878- Buenos Aires, Argentina, 1937), reflexionó sobre la vida y la muerte siempre en función de su obra creadora. La escritura como elixir vivificador que lo impulsó a sobreponerse de las malas artes de la parca quien siempre insistió en destruir su esencia vital. La tragedia determinó su andar por este mundo. Siendo un párvulo perdió a su padre en un accidente fatal; la fiebre tifoidea liquidó a sus dos hermanos; fortuitamente, mató de un disparo a su mejor amigo, Federico Ferrando; su padrastro optó por el suicidio; la primera esposa de éste, se quitó la vida; él mismo acabó con sus sufrimientos bajo los efectos del cianuro; Eglé, su hija, cegó su existencia terrenal después de su mala muerte; en 1951, Darío, su hijo, transitó la misma senda. De igual manera,

En carta escrita a Martínez Estrada, el 29 de abril de 1936 (p. 112), el escritor uruguayo dejó en claro que “fui o me sentí creador en mi juventud y madurez, al punto de temer exclusivamente a la muerte, si prematura. Quería hacer mi obra ”(p.113). Su escritura, fue lo único que no pudo corromper la muerte; la guadaña no logró burlar su genio. A contrapelo, consiguió legar a la humanidad sensible -no a la de los trajes grises, no a los remedos de hombres que habitan sin merecer este planeta que él amo substancialmente- la mejor producción de cuentos y novelas de América Latina: El almohadón de plumas (1917) ; La gallina degollada (1917); Cuentos de la Selva (1918); Cuentos de amor de locura y de muerte(1917); Anaconda y otros cuentos (1921); Las medias de los flamencos (1918); La tortuga gigante (1918); El hijo (1928); La guerra de los yacarés (1918); Pasado amor (1929); Historia de un amor turbio (1908); El crimen del otro (1904); El salvaje (1920); El desierto (1924); Las sacrificadas (1920) , su única obra teatral; El hombre muerto (1920); Juan Darién (1920) y otros textos que engalanaron su quehacer.

2. La muerte y la misión cumplida.

“Cuando consideré que había cumplido mi obra −es decir, que había dado ya de mí todo lo más fuerte− comencé a ver la muerte de otro modo” (p.113). Es decir, entre la creación literaria, la vida y la muerte no hizo distingos. La misión cumplida serenó su alma. Comprendió que su finitud no era lo importante sino la vocación que determinó su existencia: la literatura.

En consecuencia, no le importó vivir poco o mucho, sino lo esencial, lo que necesitara su oficio de orfebre de la palabra, su ingenio artístico. “La esperanza del vivir para un joven árbol es idéntica esencia a su espera del morir cuando ya dio sus frutos” (p.114).

3. El sinsentido de la vida

La fina sensibilidad de Quiroga lo llevó a romper con las grandes urbes como Asunción o Buenos Aires. El sinsentido de la vida lo arrojó fuera de la racionalidad del par conceptual que determinó la dinámica sociocultural y económica de América Latina desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX: civilización / barbarie; atraso / moderno; proceso civilizatorio forjado a partir de las culturas del cemento y el consumo suntuario. Misiones se convirtió entonces en refugio para el despliegue de su pasión. Si bien, incomprendido por su primera esposa, Ana María Cirés (s. 1909-1915) y su segunda cónyuge, María Bravo (s. 1927-1934), éste halló en la selva buena parte de la magia que volcó en sus narraciones.

4. La lucha por la sobrevivencia

La precariedad económica fue una constante en la vida del intelectual salteño. En las cartas de Quiroga a Martínez Estrada, (pp 93-181), los proyectos empresariales propuestos al escritor argentino jamás llegaron a buen puerto por su falta de capitales. En la misiva aludida arriba, éste le expone a su amigo, a su “hermano menor”, ​​una serie de planes, de sumo detallados, sobre “industria yerbatera, plantación de citrus, té y granja especializada en tambo” (p. 115) que no llegaron a concretarse; lo que sí avanzó sin piedad fue su cáncer de próstata que lo llevó al sacrificio supremo.  

5. Ezequiel Martínez Estrada, su hermano menor

Martínez Estrada (San José de la Esquina, 1895- Bahía Blanca, 1964), escritor y profesor argentino, tuvo la inmensa dicha de fraternizar con Quiroga. No fueron simplemente amigos, sino hermanos. Esta fue una de esas pocas amistades que permiten albergar alguna esperanza a favor del hombre que pareciera no está dispuesto a superar su lamentable condición de mamífero.

En El Hermano Quiroga (p.10), el autor sanjosesino, refirió que…

Cuando nos conocimos… Quiroga y yo sentimos una hermandad de sangre, una afinidad espiritual y una identidad de ser y de destino como sólo se conocen en mitos y leyendas. Más fino, él lo captó antes que yo.

… Fue para mí, y estoy seguro de que también para él, un encuentro conmigo, consigo mismo; una potenciación o enriquecimiento de mi propio ser…

… Si alguien sufrió una conversión con ella, fui yo. Júzguese por el cambio de mi orientación literaria desde 1929…

Hermanos, además, porque me ofrendó en legado cordialísimo el bien inestimable de lo mejor que tuvo, y yo a él, (págs. 11-12).

En una de las últimas epístolas de Quiroga a Martínez Estrada, fechada el 5 de septiembre de 1936 (p. 176), es posible dimensionar la honda relación de estos prohombres basada en el respeto y la admiración mutua:

Querido Estrada: También yo extraño cuando pasa un correo sin carta suya. Y hoy estoy mal, mal a darme un palo. En vez de enviarle un pedazo de prospecto, según aviso suyo, le mando dos líneas de extremo cariño. He de mejorar mañana o pasado (mal por dentro, tan sólo), y le escribiré cuanto le debo. Fuerte abrazo.

En efecto, grandes personalidades que dejaron a esta sociedad decadente el supremo valor del afecto y la admiración mutua. Al respecto, también vale la pena realizar algunos ensayos reflexivos redactados por Estrada, tal como lo llamaba Quiroga: "Radiografía de la Pampa"; "Conspiración en el país de Tata Batata"; "Marta Riquelme"; "Correspondencia con Horacio Quiroga"; "Lírica social amarga"; "Juan Florido y Marta Riquelme"; "Cuentos completos"; "Obra poética"; "Títeres de pies ligeros"; "La inundación y la cosecha"; "La poesía de Nicolás Guillén"; "Montaigne"; "¿Qué es esto?"; "Epistolario"; "Mensajes"; "Nietzsche, filósofo dionisiaco"; "La cabeza de Goliat", entre otros.

Quiroga y Martínez Estrada, espíritus libres, alejados de los circuitos académicos, de aquellos que creen en el claustro como que si fueran miembros de alguna extraña monarquía; de todo esto rieron en sus eternas tristezas y alegrías esporádicas. No sorprende, por caso, que “Estrada” se haya interesado por la Revolución cubana y la controvertida figura de Fidel Castro, no podía ser de otra manera por su inigualable sensibilidad sociohistórica; esto, en parte y sin lugar a dudas (por supuesto, sin menospreciar sus propias búsquedas), se lo debe al hombre enamorado de la selva. 

Bibliografía

Martínez Estrada, Ezequiel (1995). El hermano Quiroga . Cartas de Quiroga a Martínez Estrada . Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, Colección la Expresión Americana.

Alexandra Mulino

amulinove@yahoo.es

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