publicado el: 27 noviembre 2021 - 06:45
"Elecciones en Venezuela ¿Y ahora que viene?"

SegundoPaso ConoSur - Más allá de las lecturas partidistas e interesadas que se hagan, las recientes elecciones regionales y locales en Venezuela pueden mirarse desde dos perspectivas: una inmediatista y de corto plazo, y otras más estructural que apunta a un mediano y largo término.

Más allá de las lecturas partidistas e interesadas que se hagan, las recientes elecciones regionales y locales en Venezuela pueden mirarse desde dos perspectivas: una inmediatista y de corto plazo, y otras más estructural que apunta a un mediano y largo término.

Desde el primer punto de vista, la valoración viene dada por el éxito que significa para Venezuela, haber podido realizar elecciones en medio de una brutal agresión de Estados Unidos y la Unión Europea, utilizando en los últimos siete años todos los expedientes a su alcance para intentar derribar por la fuerza al su gobierno constitucional. Desde este punto de vista, el sábado -día anterior a los comicios- en un tweet señalé que Venezuela ya había ganado.

Aunque en la democracia representativa, las votaciones se hacen para elegir las autoridades, en este caso el resultado más importante viene dado por el avance sustancial que se produjo en el país en términos de fortalecimiento institucional, consolidación de la paz, afianzamiento de la democracia y reconocimiento internacional. Todo eso ya se había logrado antes de que el primer ciudadano pulsara la pantalla que registraba su elección por vía digital y depositara su voto en la urna.

Los resultados arrojan una apabullante victoria del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados: ganando el gobierno en 19 de 23 estados (uno se encuentra todavía pendiente de confirmación por el Consejo Nacional Electoral por lo estrecho del resultado; y 205 alcaldías de 335 (aunque todavía no se ha definido el resultado en 12 de ellas). De las 10 ciudades más importantes del país, 9 (incluyendo la capital Caracas) quedaron en manos del PSUV, así como la casi totalidad de las capitales estadales.

Como va siendo norma en casi todo el mundo (con contadas excepciones) votó menos del 50% de los electores registrados, ensanchando la distancia entre el sistema democrático y la democracia representativa, toda vez que esta última no es expresión del “gobierno del pueblo” como se define conceptualmente, sino el “gobierno del pueblo que participa” que es algo distinto. En Venezuela, el artículo 6 de la Constitución Nacional consagra que “el gobierno […] será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.

De esta manera se podría explicar la razón de la merma en la participación popular en los comicios. Da la impresión que los ciudadanos (por diferentes razones) no están de acuerdo con que la democracia se quiera circunscribir a su carácter electivo, menospreciando las otras categorías que le concede la Carta Magna. No obstante, si se considera que democracia electoral se manifiesta en términos casi estrictos de representación, la victoria chavista es irrefutable y contundente. Esa condición asumida como garante del talante democrático de un país, ha llevado a las fuerzas revolucionarias y progresistas a entender que mientras no se consiga una correlación de fuerzas que permita cambiar el sistema, la misma debe ser aceptada, por lo que es de absoluta necesidad aprender a ganarle al enemigo en las condiciones que ella impone. Eso es lo que ha ocurrido.

En el capitalismo, que por condición sine qua non es excluyente y margina a sectores importantes de la sociedad de la participación en la toma de decisiones, da lo mismo que asistan a los comicios el 20 o el 80%, porque las reglas establecen que solo son los que votan los que deciden. Esto solo puede ser cambiado con una revolución profunda que haga desaparecer al Estado burgués. Ese momento no ha llegado aún. Mientras tanto, se deben usar las instituciones y los logros obtenidos para avanzar en el camino de una democracia y una participación que generen las condiciones para mayores niveles de organización y formación política del pueblo a fin de que se prepare para las batallas superiores en el camino de la toma del poder.

Y hay que decirlo. Eso es más fácil hacerlo estando en el gobierno que en la oposición, más allá de incomprensiones, retrocesos transitorios y traiciones. El hombre nuevo que señalara el Che es un punto de llegada, no un punto de partida. Las transformaciones todavía (y por mucho tiempo más) se tendrán que hacer con el “hombre viejo” deformado por las sociedades de clases que desde hace muchas centurias han conformado el paisaje social del planeta.

El chavismo ganó, obtuvo el resultado, y eso es lo que importa ahora.  Pero no se debería abandonar el análisis autocrítico, que en una segunda mirada de más largo plazo, arrojan una serie de interrogantes cuando se hace patente que la gestión pública (incluso si es eficiente) no basta para obtener los resultados numéricos que son los únicos que importan en la democracia representativa. Por otra parte, estas elecciones dieron cuenta de un rechazo del pueblo en primer lugar a la violencia, al terrorismo, a la intervención extranjera en los asuntos internos del país, pero también a esa ineficiencia que junto a la corrupción carcomen el tejido social como cáncer que devora un cuerpo inerme.

Así, una eficiente gestión pública que castigue y no premie a los corruptos, debe estar acompañada de un acerado trabajo político del partido y un fortalecimiento de la organización del pueblo para que los mecanismos de participación le den a la democracia, un respaldo superior, estable y con proyección futura.

El chavismo ganó una nueva batalla, ¿quién lo puede dudar? Es la vigésimo séptima en 29 oportunidades, pero vendrán otras, cada una es diferente. Aquí no vale sacar cuentas alegres respecto de lo que hubiera sido y no fue. La vida acontece a partir de los hechos que ocurren, no de los que pudieran haber ocurrido. La oposición sacará conclusiones de la experiencia, el chavismo también debe hacerlo. Es la única manera de seguir triunfando.

Para aquellos sectores de la oposición que acudieron a la violencia y al terrorismo y que ahora se han incorporado a participar en la vida democrática, debería ser aleccionador tomar nota  de que el lunes muy temprano, el secretario de Estado de Estados Unidos Anthony Blinken en una declaración evidentemente hecha con anterioridad y por tanto, preconcebida sin importar el desarrollo y los resultados electorales, siguiera apelando al terrorismo y a la violencia para derrocar al gobierno, poniendo en duda el carácter democrático del evento electoral del domingo pasado.

Es decir, usaron a ciertos sectores de la oposición para obtener sus objetivos criminales y ahora, cuando estos han decidido participar en los términos de la democracia, los rechazan para continuar apoyando a grupos entreguistas y serviles que no tienen sentimiento ni vocación de patria ni de nación. Los usaron y los abandonaron.

Venezuela demostró que puede salir adelante fortaleciendo su institucionalidad, resolver la crisis política generada por la intervención extranjera y avanzar hacia un mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Así mismo, se debe entender que el impedimento fundamental no es interno porque los venezolanos se pueden poner de acuerdo para solucionar sus controversias, sino que son externos y están motivados en el empecinamiento de Estados Unidos y Europa por destruir el país para apropiarse de él con facilidad.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Twitter: @sergioro0701

Diplomático. Escritor. Docente. Analista y consultor internacional.

Artículo Para SegundoPaso ConoSur

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