Revalorizar la Maternidad, Más Allá de los “Derechos”

Segundopaso - Por razones fundamentalmente económicas y de orden social, el siglo XX empezó a experimentar un incremento en las tasas de ocupación de la mujer. En efecto, por diversos motivos, las mujeres comenzaron a incorporarse al mundo del trabajo, a la formación técnica y profesional.

Esta importante modificación de perspectiva sobre el papel de la mujer en el ámbito social y doméstico incidió, sin embargo, en una simultánea disminución en sus proyectos familiares, en sus pretensiones de tener hijos y de poder congeniar su desarrollo profesional y laboral con sus anhelos de maternidad, siendo desvalorizado casi totalmente el rol de madre, por considerarlo esclavizante.

Por su parte, en lo público y en lo privado, se inició de esta forma una aparente contradicción que hacían enfrentar a la mujer a un dilema vital: si optaba por un mayor desarrollo personal, profesional y laboral encontraría dificultades y resistencias en los centros de trabajo para dedicarse paralelamente a sus responsabilidades familiares y, principalmente, de maternidad. De esta forma, al principio de manera implícita y luego más de modo explícito, se inició un proceso de desestímulo social y cultural hacia el matrimonio principalmente y a la pretensión de tener familias numerosas.

En la actualidad se habla de la equiparación de salarios, de licencias por maternidad, disminución de horas por lactancia, que si bien son importantes no responde a las necesidades psicofísicas no solo de la mujer sino de la familia.  

En más de 120 países, la legislación prevé el derecho de las trabajadoras a licencias pagadas de maternidad y a otras prestaciones de salud, constata un nuevo informe preparado por la Oficina Internacional del Trabajo. Entre ellos figuran la mayoría de los países industrializados, con excepción de Australia, Nueva Zelandia y los Estados Unidos, que es el único país rico del mundo que no tiene baja de maternidad o paternidad remunerada. En este país, una de cada cuatro mujeres vuelve al trabajo a las dos semanas de tener un bebé porque no tiene otra opción y necesita el dinero.

Según el informe de la OIT en muchos países los ingresos de las mujeres son fundamentales para la supervivencia de las familias. En efecto, su trabajo es la principal fuente de ingresos para un 30 por ciento de los hogares de todo el mundo. En Europa, 59 por ciento de las trabajadoras aportan la mitad o una proporción incluso mayor de los ingresos del grupo familiar. En los Estados Unidos, esta tasa es apenas menor: 55 por ciento. Nada más que en la India, se estima que 60 millones de personas viven en hogares mantenidos únicamente por mujeres. Esto es una gran injusticia, no denunciada.

En diversas regiones del mundo, las trabajadoras embarazadas están expuestas a perder su puesto de trabajo y sus ingresos, y corren mayores riesgos sanitarios debido a la falta de garantías suficientes en materia de empleo. Elevándose los factores de inseguridad y las consecuencias sobre el embarazo, la criatura y la lactancia natural. La mayoría de empresas o sitios de trabajo no brindan las garantías necesarias de seguridad de la mujer durante su jornada laboral y está permanentemente expuesta choques, golpes, caídas, ruido, excesivo frío o calor, esfuerzo físico y postural, incluso a riesgo biológico, a algún tipo de contaminación ambiental o a máquinas que emiten radiaciones. Además, el ritmo de trabajo es estresante, la turnicidad, nocturnidad y en muchas ocasiones largas jornadas representan fatiga y agotamiento; así como también están amenazadas al despido o a situaciones sicosociales difíciles como el trabajo bajo presión y alto rendimiento, y el consecuente estrés y ansiedad que provocan.

Muchas mujeres han denunciado estas y otras situaciones de riesgo como trabajos en espacios confinados, de forma aislada, o ausentes de salas de descanso y de lactancia,

Entender el desarrollo del bebé desde su concepción

Los cuidados que deben tener madre e hijo antes y después de su nacimiento son de vital importancia, no solamente desde el punto de vista médico, es decir, prescripciones alimenticias y físicas, sino su relación psico – afectiva de los dos. En este punto no solo cuenta el ambiente laboral idóneo sino la participación de sus padres, su relación de pareja como tal, de la familia y hasta de la comunidad, que refuerzan lazos más allá de los consanguíneos, incluso del país en el que el niño vive, su entorno social y natural.

La primera infancia es un concepto que surge de la neurociencia y las ciencias que estudian el comportamiento y que lleva años desarrollándose y poniendo poco a poco de relieve la importancia de los primeros años de vida del niño en lo que respecta a su desarrollo físico, cognitivo, lingüístico y socioafectivo (Center on the Developing Child Harvard University).

De este modo, lo que viven los niños en sus primeros años da forma al resto de su vida, puesto que son estas primeras experiencias las que sientan las bases de la arquitectura neuronal del niño y determinan la robustez o debilidad de su capacidad de aprendizaje, de su salud y del comportamiento que adoptarán en la vida.

Garantizar el respeto a los reales derechos de la madre, van más allá de estar bien alimentados y contar con más días de licencia remunerada. Es permitir la cercanía de la pareja con su bebé. Experimentar todo un proceso complejo de dar y recibir amor, de vivir con respeto y dignidad, es crecer con tranquilidad, y esto significa salud mental y bienestar integral. La sociedad debe protegerlos de cualquier forma de explotación y maltrato de los que pueden llegar a ser objeto.

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Hoy se ha evidenciado la necesidad de que en occidente se revalorice socialmente el significado del embarazo y la maternidad en compañía, no en solitario. Esto también significa, liberar a la mujer de estigmas de la modernidad, que la hacen sentir culpable de ser madre… el bombardeo de mensajes a favor del control de la natalidad, la promoción de métodos anticonceptivos y del aborto en muchos países de la región. Son ya, varias décadas dedicadas a provocar cambios culturales, donde se asocia el embarazo, la maternidad y las familias numerosas, con los obstáculos para que (principalmente las mujeres) pudieran desarrollarse exitosamente como profesionales o trabajadoras de éxito.

Con este paradigma, los matrimonios también han tendido a disminuir, los jóvenes se están casando tardíamente, o mantienen relaciones esporádicas que no impliquen compromisos de maternidad o paternidad, retrasando en consecuencia sus objetivos de tener hijos o reduciendo notablemente su número.

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