Identidad cultural en la literatura infantil

Segundopaso - Hay un mito de origen maya según el cual, los seres humanos descienden del enfrentamiento de dos serpientes, encarnación del bien y del mal. Ya las madres aztecas y mayas relataban a sus hijos estas historias y los mecían con canciones de cuna en lengua nahuatl que han sido recogidas por los sucesivos investigadores. Del mismo modo que se han recopilado los mitos de los pueblos originarios en un intento de valorizar las narraciones que se relataban en la antigüedad.

Uno de los libros más interesantes es el Popol Vuh, libro considerado sagrado para el pueblo maya, que recopila varias leyendas de su civilización en el sur de Guatemala y parte de Centroamérica. Muchas de estas historias reflejan la idiosincrasia y modo fantástico de interpretar la vida y de los fenómenos incomprensibles de la naturaleza de parte de los antiguos. Todos estos mitos fueron escritos en papel de higuera silvestre con el sistema de escritura de los mayas y transmitidos de generación en generación en el interior de la vida familiar en el mundo maya.

Hoy día, hay en toda América una valoración de estos relatos fantásticos de los pueblos originarios, como una manera de conectar al niño de hoy con sus propias raíces. Así vemos que mitos y leyendas latinoamericanas han sido adaptadas para el lector infantil con el fin de preservar su identidad cultural; estas obras se encuentran en hermosas ediciones infantiles que narran miles de historias que a través de dibujos artísticos y colores vivos reflejan la gran diversidad natural y cultural latinoamericana.

Otro ejemplo es La Niña de la Calavera basado en un relato mapuche que tiene de protagonista a una bella joven indígena que luce su atuendo de plata en medio del volcán, que está comprometida para casarse, pero su perversa madrastra hace una poción mágica para impedir el matrimonio. Ella va al bosque, para intentar deshacer el maleficio, donde debe superar grandes obstáculos... Esta clase de libros se inspiran en relatos originales de las etnias de todo el continente y son comunes a prácticamente todos los países de América Latina.  Muchos de ellos incluso ya circulan en lenguas originarias.

El calafate es otro de los relatos que habla de un fruto que crece en la región de la Patagonia, al sur del mundo, quien se atreva a comer el dulce fruto del arbusto, irremediablemente, va a caer en el hechizo y se enamorará perdidamente de la Patagonia, por lo que se verá forzado a volver a Tierra del Fuego. El relato recrea esta creencia ancestral del tiempo de los indígenas tehuelches.

Se sabe que los pueblos ancestrales, especialmente los aztecas, incas y mayas, tenían una especial preocupación por la educación infantil. Los sagrados códices de los aztecas están llenos de pensamientos muy finos en relación con la educación de la infancia, lo que prueba que en el mundo indígena ya había una sensibilidad para educar a los niños y niñas en la tradición de los antepasados.

Aunque con la llegada de los colonizadores muchas leyendas se superponen con historias europeas produciéndose un sincretismo cultural dando como resultado nuevas versiones literarias que dan cuenta de un entramado más complejo donde se mezclan y se superponen dos lenguas y cosmovisiones diferentes.

Para muchos niños de hoy, acostumbrados al entorno de la ciudad, entrar en contacto con la naturaleza es una aventura. Hablar de naturaleza nos refiere a todo aquello que existe sin la intervención del ser humano: el clima, el bosque, la montaña, el mar, así como las plantas y animales que los habitan. Al contactarse con cuentos y mitos antiguos, interactúan con una realidad diferente, se acercan a una historia desconocida por ellos, donde la naturaleza misma cobra vida y les habla.

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La curiosidad de los niños los hace descubridores de grandes secretos de la naturaleza, donde se fusiona la observación, la fantasía y la imaginación… ¡Hay tantas cosas maravillosas en la naturaleza! Las olas del mar, el nacimiento de un río en la montaña, numerosos tipos de árboles y plantas, el trabajo de las abejas, el vuelo de las aves, insectos, reptiles, mamíferos y todos los elementos del reino animal, vegetal y mineral se vuelven personajes y paisajes mágicos que enseñan y aconsejan.

Está más que demostrado que, tanto grandes como pequeños, se sienten mejor cuando están rodeados de un entorno natural: los sentidos se activan, los sonidos, los colores y el aire fresco transforman el estado de ánimo. Los niños por su gran sensibilidad captan la belleza del mundo natural. Estas experiencias conllevan grandes beneficios a nivel físico, mental y espiritual, por ejemplo:

v Ayuda a desarrollar la exploración sensorial, así como también, la atención y el pensamiento lógico, y otros procesos cognitivos.

v Moverse por la naturaleza estimula la psicomotricidad a la par que incrementa otras destrezas motoras de coordinación, equilibrio y agilidad.

v Enseña a valorar y a respetar a otros seres vivos, creando conciencia ecológica y desarrollando la responsabilidad individual.

v Favorece la investigación, la observación y el análisis de los seres y elementos que la conforman.

v Reduce la ansiedad y el estrés de la vida cotidiana y, en consecuencia, mejora y fortalece el sistema inmunitario

v Fomenta la imaginación y la creatividad.

v Durante la pubertad, el vínculo con la naturaleza ayuda a eliminar emociones negativas, como la ira o la tristeza y fomenta la autoestima y la seguridad.

En un mundo cada vez más vinculado a la tecnología, es vital acercar la naturaleza y sus protagonistas a nuestros niños y niñas. Estas son las mejores experiencias para educar y a través del cuento, la leyenda y la poesía sean amantes de la naturaleza y defensores de su cultura.

MT


https://es.literaturasm.com/actualidad/libros-descubrir-secretos-de-naturaleza#gref

https://otrolunes.com/26/punto-de-mira/historia-de-la-literatura-infantil-en-america-latina/

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