publicado el: 17 agosto 2022 - 22:29

Primera parte

Geopolítica disruptiva: el antídoto social ante el COVID-19 (Parte I)

AUTOR: ÁNGEL TORTOLERO. ILUSTRACIÓN: ETTEN CARVALLO
Geopolítica disruptiva: el antídoto social ante el COVID-19 (Parte I)

Segundo Paso para Nuestra América.- Frente las inefables consecuencias del COVID19, un Nuevo Orden Internacional es urgente para la preservación de la especie humana. Este artículo desborda sus aproximaciones teóricas, desde lo imperativo que es pensar el mundo, en términos geopolíticos disruptivos como vía para ratificar, los objetivos estratégicos de una política exterior que esté en correspondencia con el clamor universal de la humanidad por soluciones estructurales para la sostenibilidad de la vida humana.

Introducción

Atendiendo a las interrogantes surgidas del debate social ante las inefables consecuencias políticas y económicas que se están derivando del COVID-19, un equipo interdisciplinario ha sido convocado por la Fundación Segundo Paso para Nuestra América para que, desde sus respectivos cimientos epistémicos, se avoquen a pensar en torno a este importante tema.

Esta tarea implica convocar a la interdisciplinaridad, con el fin de lograr reflexiones y respuestas que transciendan a las particularidades biomédicas del virus en cuestión y allane el camino para el tratamiento transdisciplinario, al que invita sus dramáticas consecuencias en esta era de cambios, marcada por lo imprevisto, pero signada por la necesidad de un cambio de era sobre el cual soportar la nueva sociedad que está surgiendo gracias precisamente a la pandemia.

En ese sentido, desde la perspectiva de un análisis macro, la citada pandemia implica, de manera directa, la asunción de un nuevo modelo de relaciones internacionales que puedan viabilizar las posibilidades de curación y defensa ante el letal virus, con el concurso de todas las naciones.

De allí el objeto de este artículo, ya que, a nuestro juicio, se impone la necesidad de un relacionamiento entre las naciones que está trasversalizado por la solidaridad, la complementariedad y la producción del bienestar y buen vivir, con las particularidades autodeterminadas por cada nación. Lo que implica avanzar contra las desigualdades sociales y económicas que son inherentes a las imposiciones hegemónicas del capitalismo neoliberal, como sistema económico, político y social, contraponiendo la asunción de valores correspondientes a la preservación de la especie; como ser humano y como ser social activo.

Partimos de la siguiente tesis: frente las inefables consecuencias de la Pandemia del COVID19, un nuevo orden internacional es urgente para la preservación de la especie humana. Este artículo desborda sus aproximaciones teóricas, desde lo imperativo que es pensar el mundo, en términos geopolíticos disruptivos (1) como vía para ratificar los objetivos estratégicos de una política exterior que esté en correspondencia con el clamor universal de la humanidad por soluciones estructurales para la sostenibilidad de la vida humana.

En ese orden de ideas, la heurística que implica el tema, se plantea desde la aspiración por el desarrollo de un pensamiento dialéctico y diverso en sus epistemes, pero consustanciado con la vida más que con los intereses particulares de los Estados hegemónicos y su política exterior neocolonial.

A los fines metodológicos, este artículo se sustenta en un universo multifactorial e interdisciplinario que, sin ánimos reduccionistas, plantea que un nuevo orden internacional es urgente y solo será posibles con la construcción de una geopolítica disruptiva que preserve la especie humana como condición inalienable ante la pandemia presente y las que en el futuro aparezcan.

A los fines metodológicos, este artículo se sustenta en un universo multifactorial e interdisciplinario. El mismo se ordena en cinco premisas claves y sus respectivas reflexiones:

1) La realidades políticas, económicas y sociales que se han develado con la pandemia del COVID-19 dejó en evidencia la ineficacia del modelo económico neoliberal para atender a la población en sus demandas de salud, buen vivir y bien estar.

2) La contradicción a despejar se sitúa en las promesas capitalista de un estadio de confort social para todos y la privatización de los servicios de salud, educación y vivienda.

3) Se derrumba el modelo económico, pero persisten los intereses particulares de quienes manejan el poder real e imponen la cultura y se benefician de las desgracias ajenas ¿Democracia en Emergencia?

4) La muerte de las mayorías empobrecidas en todo el planeta constituye un agente regulador para el control de la población “no productiva” y, por tanto, no consumidoras de los bienes y servicios producidos desde la lógica del capitalismo.

5) Un nuevo orden internacional es urgente para la preservación de la especie humana. La geopolítica disruptiva es su única posibilidad, pues en ella se involucra: multipolaridad, pluriculturalidad, autodeterminación e integración solidaria y complementaria de los pueblos y sus gobiernos. Finalmente, llega la aproximación teórica que señala que es imperativo profundizar la diversificación y consolidar las instancias de integración ante las agresiones imperiales. Nuevos retos y nuevos modos deben surgir por y para la vida.

Desarrollo

Premisa 1: La realidades políticas, económicas y sociales que se han develado con la pandemia del COVID-19 dejó en evidencia la ineficacia del modelo económico neoliberal para atender a la población en sus demandas de salud, buen vivir y bien estar.

Un claro ejemplo de la certeza de la premisa antes expuesta, es recogido por el informe de la CEPAL, en el cual se señala que: La Pandemia del COVID-19 ha producido la mayor contracción de la actividad económica en la historia de la región.

En ese sentido, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL (2020), recalca que la crisis demanda cambios estructurales en la organización productiva, el comercio internacional y el actual modelo de globalización”.

Asimismo, la referida Secretaria General señala que los efectos económicos y sociales de la actual crisis, derivada del impacto del coronavirus, bajó el crecimiento en la región Latino Americana y el Caribe, con un promedio de 0,4% entre 2014 y 2019. Esta situación revela, por sí sola, el fracaso de las políticas económicas y del modelo de desarrollo aplicado a los pueblos de la región.

En el informe de la CEPAL, titulado “Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación” (NU.CEPAL, 2020), se prevé un fuerte aumento del desempleo con efectos negativos en pobreza y desigualdad, y establece como “urgente” que las naciones puedan acceder a recursos financieros con base en un apoyo flexible de los organismos financieros multilaterales, acompañado de líneas de crédito a bajo costo, alivios del servicio de la deuda y condonaciones.

En el detalle de sus proyecciones, el organismo prevé que América del Sur se contraiga -5,2% debido a que varios países de esta zona se verán muy afectados por la caída de la actividad de China, que es un importante mercado para sus exportaciones. En cuanto a Centroamérica, la caída sería de -2,3%, afectada por la caída en el turismo y la reducción de la actividad de Estados Unidos, su principal socio comercial y fuente de remesas; mientras que el Caribe se contraería en -2,5%, debido a la reducción de la demanda de servicios turísticos (NU.CEPAL, 2020).

El número de desempleados de la región va en aumento, como la caída de -5,3% del PIB y su efecto negativo directo sobre los ingresos de los hogares impide satisfacer las necesidades básicas.

En ese contexto, según el citado informe (NU.CEPAL, 2020), la tasa de pobreza en la región aumentaría en 4,4 puntos porcentuales durante 2020 al pasar de 30,3% a 34,7%, lo que significa un incremento de 29 millones de personas en situación de pobreza. Por su parte, la pobreza extrema crecería en 2,5 puntos porcentuales pasando de 11,0% a 13,5%, lo que representa un incremento de 16 millones de personas.

Por su parte, Daniel Chávez, 2 (2020) en su trabajo titulado: El Estado, las respuestas públicas y el día después de la pandemia, señala que, aunque la cobertura mediática internacional y la mayoría de los análisis académicos se han centrado en la magnitud de la pandemia del COVID-19 en las sociedades ricas del norte, en particular en EE.UU. y los países europeos, la verdad es “que un principio rector de la economía de libre mercado es la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas (Investigador Senior del Transnational Institute (Países Bajos). Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Estados en disputa).

Sin embargo, en el marco de la actual pandemia, incluso los libertarios más fundamentalistas están exigiendo regulaciones del mercado más estrictas y un papel más activo para el Estado, lo que implica una vuelta al viejo Estado Liberal Burgués y sus diversa formular de resguardo de la riquezas concentrada en los sectores pudientes, en detrimento de las masas de trabajadores asalariados los cuales, diluyen su condición con la división del trabajo y la utopía de la riqueza fácil con el trabajo duro.

El Chávez (2020) señala que:

En la mayoría de los países del mundo (con la probable excepción de Corea del Norte, y solo hasta cierto punto), la economía nacional se estructura básicamente en torno a tres componentes: consumo de los hogares, gasto público e inversión del sector privado. En tiempos “normales”, los gastos de los hogares y las inversiones privadas aseguran el crecimiento económico, pero en tiempos de crisis –más allá de su origen– incluso los defensores más fervientes de la libertad mercantil exigen que el sector público los proteja. (Chavez, 2020)

Llama la atención que, a pesar del fracaso de la economía capitalista, evidenciado en la actual situación en la que se encuentran los países denominados del “primer mundo”, el mercado allana caminos y establece negocios a partir de la urgente demanda por la preservación de la vida.

En ese orden de ideas, la Carta Encíclica Fratelli tutti del Santo Padre Francisco (2020) sobre la Fraternidad y la Amistad Social, en este caso, pareciera sentenciar el fracaso del capitalismo y denuncia su ineficacia para el desarrollo de un estadio de felicidad plena de las mujeres y hombres del mundo al decir:

“Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el divide y reinarás”. (2020).

Premisa 2: La contradicción a despejar se sitúa en las promesas capitalista de un estadio de confort social para todos y la privatización de los servicios de salud, educación y vivienda.

En consecuencia, sólo los pueblos organizados, casados con sus valores, decididos a preservar su historia y ejercer la autodeterminación que le corresponde, han sabido resistir y combatir los golpes imperiales; sobrevivir a los infiernos de sus guerras y superar valientemente los recurrentes ataques y emboscadas económicas, financieras y militares que propician, inspiran o ejecutan contra ellos, los dueños del mercado. Parafraseando a Nietzsche: “Dios ha muerto”, sí, el Dios del Mercado y su mano invisible que todo lo regula.

Por tanto, no se puede ignorar que los imperialistas, a pesar de su bestialidad, armamento y sofisticados medios de manipulación, no han podido, ni podrán borrar de la historia sus fracasos frente a la dignidad y valentía. Esto, sin duda, inspira a las grandes mayorías que, frente a las consecuencias de la pandemia, siguen el camino de su libertad.

Hoy es tangible, visible y real que los efectos de los ataques criminales de los imperios sobre los pueblos, por omisión o por acción intencional, independientemente de su raza, credo político o religión, están moviendo los cimientos de la relativa normalidad.

Queremos enfatizar en el hecho de que las naciones que aspiran a un mundo libre de hegemonías, solidario, complementario y a favor de la vida, se fortalecen al entender que la alternativa ante los ataques recibidos consiste en reconocer que el origen de sus desgracias es inherente a las aspiraciones del capitalismo neoliberal, empeñado en establecer un pensamiento único en un mundo cada vez más diverso.

En este orden de ideas, es imperativo destacar los grandes ejemplos de resistencia y dignidad de naciones como Irán, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Siria, Corea del Norte, entre otras, que coinciden en el ejercicio del antiimperialismo, como principio inalienable y en la protección de sus pueblos.

Pero cuanto mayor es la resistencia y el progreso de los pueblos dignos, mayor es la intensidad de los ataques imperiales en su contra, lo que se traduce en campañas mediáticas que imponen historias macabras entre postverdades y más mentiras, para narcotizar a sus seguidores adictos dentro de las naciones, descargándoles altas dosis de violencia, negándoles la posibilidad para comprender su propia historia, así como su realidad concreta y la exégesis que se deriva de la vida y sus circunstancias.

No cabe duda de que estamos en medio de una guerra letal que recurre al símbolo del mensaje en los medios, con la misma intensidad que invade y arrasa naciones enteras. A veces esta guerra se manifiesta directamente, como en Irak, Libia y Siria; otras, en cambio, lo hace mediante la imposición de sanciones penales, bloqueos marítimos y aéreos que justifican la repetición de consignas que violentan los preceptos que soportan el entendimiento entre las naciones. De esta manera, van demoliendo la razón de sus adoradores hasta que la realidad es reemplazada por un compendio de medias verdades que confunden y distorsionan el reconocimiento de su identidad nacional, valores patrióticos, raza, credo y religión.

En este sentido, es importante resaltar que el mundo está a merced de millones de mensajes, en su mayoría composiciones idílicas que conducen al receptor a espacios surreales, hasta imponer en su conciencia la aspiración a una etapa ilusoria de confort, que promete exclusividad, distanciamiento y distinción.

Así, cada teléfono celular, por ejemplo, es una fuente de este mensaje y cada una de las redes, aplicaciones y programas informáticos es una fábrica de sueños inconmensurables, en su mayoría inalcanzables por los trabajadores, pero no por ellos, inocuos, casuísticos y naturales. Mensajes que van a justificar el establecimiento de la vida como mercancía y solo para los que puedan, los “más aptos”, los “predestinados” para vivir a expensas de los más empobrecidos.

En ese contexto, la educación es una inversión individual y no liberadora, la salud un problema particular de los individuos y la vivienda una quimera que implica el endeudamiento eterno de toda la familia.

Solo así, las clases dominantes y sus bien estructuradas clases media ideologizadas, validan el hostigamiento, los bloqueos y las amenazas de invasión, con las que de ordinario los imperios hegemónicos secularizan cualquier viso de resistencia, catalogándolo de conducta indebida para alcanzar el desarrollo.

En Venezuela, por ejemplo, se viven tiempos muy difíciles, porque los imperios y sus seguidores han logrado demoler la economía interna, impedir el libre comercio internacional y bloquear cuentas y activos externos. No satisfechos con esto, intentaron demoler el Estado, difamar sus instituciones y mantener la farsa de un gobierno de transición con el que justificar la continua expropiación de la patria.

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