Las políticas económicas del Imam Ali (P)

A principios del año de 1998, Samuel Blixen, destacado periodista uruguayo, realizó una interesante comparación. Las pandillas criminales más importantes de Uruguay durante cincuenta asaltos solo pudieron obtener una cantidad de cincuenta millones de dólares, mientras que, en dos asaltos realizados por un inversionista, con la participación de un banco y administradores del gobierno, incluso sin haber disparado ni siquiera una sola munición, robaron más de setenta millones de dólares.

En este tipo de asaltos están definidos los que ganan y los que pierden, las olas no arrojan con violencia las cargas de todos los barcos, los grandes buques transoceánico, montados en las briosas olas, encuentran nuevas oportunidades, mientras los botes y lanchas de pedales quedan atónitas y sin rumbo sobre las aguas, o se sumergen rápidamente a lo más profundo del mar. El ahogamiento es una verdad que muchas de las encuestas reportan de este océano tempestuoso: en dieciséis países de América Latina, tres de cada cuatro dicen que sus condiciones de vida se encuentran estancadas en esa situación veterana o incluso se ha vuelto peor.

Cuarenta y dos millones de personas de una población de quinientos sesenta millones en América Latina luchan en contra del monstro de la hambruna, mientras que poseen una gran riqueza de recursos naturales, tierras cultivables y fuentes de energía fósil, fuera de los terribles bloqueos de alimentos y medicamentos por parte de los americanos, tiene otra causa y esta es la política defectuosa de los gobiernos. Qué mejor evidencia que las cuarenta y un millón de personas hambrientas que se encuentran luchando en el lodazal de las políticas capitalistas del gobierno de los Estados Unidos y en lugar de comer en McDonald's comen, semejante a las termitas, las imágenes de Hollywood que muestran la prosperidad estadounidense. ¿Acaso esta miseria contagiosa debe considerarse al igual que la muerte, un destino definitivo del ser humano?

Para saber ¡tomen el cuaderno de la historia y hojéenlo! Mil cuatrocientos años atrás el mejor líder y dirigente del gobierno durante toda la historia de la humanidad –y no exagero–, explicó el dulce sueño de la justicia, prosperidad y pureza.

El Imam Ali (la paz sea con él) fue el heredero de un gobierno con una profunda corrupción e innumerables fraudes interminables. El primer acto que realizó fue sustituir a los delegados que, al igual que hambrientos lobos, habían devorado los caudales de toda la gente; él, ante las presiones de los políticos corruptos, se colocaba al igual que una montaña y con todos, incluso con su hermano, se comportaba igual. Cuando una de esas sanguijuelas le trajo un manjar como soborno, no imaginó enfrentarse con una reacción así: “¡Yo no como veneno de víbora! ¡Juro por Dios, que ¡no como veneno de víbora! ¡Juro por Dios, que si me diesen todo el mundo con todo aquello que se encuentra bajo el Cielo, para que desobedezca a Dios y quite injustamente la cáscara de un grano de cebada de la boca de una hormiga, no lo haré! En mi gobierno el esfuerzo de unos no llega a boca de otros, ¡que Dios los cuide!”

En ninguna página de la historia pueden encontrar algo parecido a la habitación donde trabajaba; en ella tenía una lámpara personal junto a la lámpara del gobierno y para sus trabajos particulares apagaba la lámpara del gobierno y encendía la suya, su cuidado en utilizar los bienes públicos, en nuestros tiempos es una fábula; había ordenado que afilaran las puntas de sus cálamos para que utilizaran menos tinta o, incluso, respetaba la distancia entre las líneas ¡para ahorrar papel!

En muchos de los gobiernos actuales, la hacienda del gobierno tiene usos especiales. ¡Usos especiales, para gente especial! El Imam Ali (P) no solo cortó las manos de los que tragaban, sino que, esa suma la asignó para el consumo de los necesitados, independientemente de su clase social, a todos los pobres, jubilados, discapacitados, huérfanos y pobres, a quienes eximió del pago de impuestos.

Comparen al cruel sistema tributario actual, con la flexibilidad del sistema tributario que escribió en su carta dirigida a su gobernador: “Pon más cuidado en el desahogo, el desarrollo y la prosperidad de los bienes y propiedades de la gente que en cobrar los tributos; ya que los tributos no se obtienen sin el incremento de las ganancias, alguien que solo se preocupa por cobrar los tributos, saquear las bolsas de la gente y llenar las bolsas del gobierno, termina con el país y destruye a la gente, mientras que su gobierno no dura más que unos días. El gobierno debe actuar completamente con flexibilidad y reformar sus métodos de cobro del tributo conjuntamente con la situación que reina. La conducta flexible con los tributarios, es una forma de inversión, la cual provoca que la gente ayude al gobierno en los campos en los que éste necesita de ayuda”.

Si muestran el consejo del Imam a los agentes fiscales para mantener la dignidad y el respeto de los tributarios en la oficina de impuestos de su ciudad, probablemente riéndose, los acompañarán hasta la puerta. Sólo vean este ejemplo: “Estimado agente, que para cobrar los impuestos vas a los criaderos de ganado, incluso estando entre el ganado no trates mal al ganadero ya que el ganado se molesta cuando alguien trata mal a su dueño”. De ninguna forma toleraba la falta de respeto ni la traición de los funcionarios del gobierno. Todos los bienes que se depositaban en la tesorería como impuestos y otros, o contaban con una estructura completamente transparente en los asuntos benéficos sociales que se gastaban para beneficiar al país o directamente se distribuían entre la gente.

Nunca permitió que, durante su gobierno, hubiese ni siquiera un necesitado o alguno fuese ignorado. Acompañado de algunos de sus funcionarios se dirigió a una región donde habitaban los necesitados, cuando vio a un limosnero, gritó: “¿Qué es esto?” Los funcionarios que acompañaban al Imam explicaron que ese hombre era un cristiano y que estuviese seguro que ya no había ningún musulmán necesitado. Se enojó aún más: “Este hombre cristiano trabajó, vivió y es ciudadano de esta nación, ahora que ha envejecido y está deshabilitado, ¡¿debe vivir en esta situación?! De inmediato satisfagan todas sus necesidades de los tesoros del gobierno”.

Todas las personas que vivían en las tierras islámicas, incluidos los judíos, cristianos y los seguidores de otras religiones, disfrutaban de la riqueza del gobierno y los servicios públicos al igual que los musulmanes.

En su opinión, la pobreza es el cáncer y asesino de la sociedad y su cura es urgente y por supuesto de sus raíces tienen prioridad sobre todos los demás asuntos; sólo durante aproximadamente cinco años de su gobierno dirigiendo los fondos del país hacia los sectores productivos económicos, la pequeña cantidad de capital que había quedado a disposición del gobierno lo incrementó a tal grado que de un país en delirio, creó un gran polo económico, un poder superior al de los grandes imperios de su época.

No prestaba atención a los cumplidos diplomáticos y sostenía que el país que por su economía tenga que pedir ayuda a otros países, será su cautivo y esclavo: “De cualquier país que te veas necesitado, serás su prisionero, si te vuelves independiente, serás igual que ese, mientras que gobernarás a cualquier nación que ayudes y hagas el bien”. Esta frase era la ley constitucional de todas sus relaciones económicas con otras naciones. Qué ignorante y estúpido es un gobierno que ignore el valor de la salud económica de su país, que depende de su independencia, y continúa viviendo con la ayuda de las superpotencias.

Según la historia es testigo, el Imam Ali (P) durante su corto gobierno pudo erradicar por completo la pobreza al controlar la oligarquía y centrándose en la economía cooperativa en tal forma que en todo el Medio Oriente no se podía encontrar a ningún pobre ni hambriento y las jubilaciones se pagaban a su tiempo y todos en su gobierno divino se encontraban satisfechos. De hecho, lo que la humanidad ha experimentado al más alto nivel en la administración de organizaciones económicas es que no ha podido crear un sistema económico de este tipo.

Nosotros cuando pensamos decir que tenemos esperanzas en el futuro, decimos que “guardamos esperanzas”; este es un término hermoso, la guardamos para que en el clima frío y tormentoso de estas épocas no muera por ese frío desesperante ni la frustración.

Estaremos esperando el día en el que el gobierno justo de Ali (P) restaure el cuerpo sin vida de la cultura, la política y la economía de este mundo y lo reviva; una vida según la describe George Jordac, escritor cristiano: “¡Oh Tierra, oh cielo, oh montañas, qué sucedería si uniesen todo vuestro poder y en cada época obsequiaseis un Ali a la humanidad!”

Código para noticias 372

etiquetas

Su comentario

Usted está respondiendo
Indicio de comentario
2 + 1 =