“Palestina: crónica de la ocupación Sionista”

La ocupación y colonización de palestina, a manos de la entidad sionista, desde el año 1948 a la fecha constituye uno de los actos criminales que suele ser invisibilizado en función de los intereses de las potencias occidentales en Asia occidental y sobre todo por el trabajo de lobby desarrollado por el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC, por sus siglas en inglés) radicado en Washington y cuya expresión concreta es que la política exterior estadounidense se rija por los dictados de este grupo de presión político, financiero, militar y comunicacional.

Para dar cuenta de esta ocupación y el proceso de colonización de Palestina a manos de emigrantes sionistas, venidos principalmente de Europa desde fines del siglo XIX hasta el año 1948 cuando se funda artificialmente Israel.

Junto a una historia falsaria en su origen y mitificada posteriormente, plagada de crímenes contra hombres y mujeres habitantes de una tierra milenaria, la creación literaria del periodista chileno Pablo Jofré Leal se entrega a la lectura de todo aquel que conoce del contencioso pero aún más valiosos se abre para quienes sin conocerlo deben adentrarse en él,  para conocer sobre la política criminal que Israel lleva a cabo contra millones de seres humanos.

Un régimen definido por el autor como nacionalsionista, signado con ello la paradoja de concretar crímenes abyectos que su propio mito fundacional, supuestamente condujo, a la necesidad de dotarse de un “hogar nacional judío”.

En su libro “Palestina: crónica de la ocupación sionista” (y hablamos de nuevo libro  pues el primero de ellos también refiere a la lucha de un pueblo árabe por su autodeterminación, como es el pueblo saharaui)  el periodista chileno, describe procesos de colonización y neo colonización que poseen elementos estructurales, que se repiten con una regularidad digna de cualquier experimento científico.

Por lo mismo, afirma el autor que no debe sorprendernos que los protagonistas de la construcción de Estados Nacionales en tierras distintas a las de su origen, hayan debido recurrir siempre y en todo lugar a la negación de la existencia de las primeras naciones de aquellos territorios, mediante el genocidio y la limpieza étnica, primero, y luego mediante la construcción de un relato cuya única misión es blanquear dicho proceso. Con una astucia y perversidad difíciles de igualar, el sionismo pretende convertir al victimario en víctima y al agredido en agresor.

Daniel Jadue, descendiente de palestinos y uno de los alcaldes emblemáticos chilenos, prologa este libro y sostiene “las crónicas que el lector encontrará en este libro, ofrecen la posibilidad de entender un conflicto del que mayoritariamente se conoce la versión del victimario, omnipresente en los medios de comunicación y en los discursos oficiales de las potencias mundiales… contando con la actitud cómplice de gobiernos de todos los colores políticos y de todas las latitudes (con honrosas excepciones), que han promovido un proceso de normalización de relaciones comerciales, culturales y militares con la potencia ocupante, Israel, sin que jamás hayan expresado una condena clara y tajante a las sistemáticas y permanentes violaciones a los Derechos Humanos en Palestina”.

Es un libro necesario de leer, fundamental para transmitir y recorrer las latitudes de nuestra Latinoamérica, donde algunos gobiernos, sometidos al chantaje del sionismo y del gobierno estadounidense se colocan al lado del agresor, del victimario, del que desea concretar el exterminio del pueblo palestino. Es un libro con diversos niveles de conocimiento. Uno que se corresponde al conocimiento captado a través de los sentidos, de las sensaciones y emociones que provocan los objetos, los hechos, las circunstancias.

Un conocimiento singular, que no tiene pretensión alguna de validez universal, pero que conmueve al que lo vive, permitiéndole un aprendizaje significativo de aquello que Pablo Jofré desea transmitir. También es un tipo de conocimiento que pertenece al avance de la conciencia, entendida ésta como esa capacidad de la materia de darse cuenta de su poder transformador del entorno para satisfacer una necesidad determinada…un nivel que se presume por todos y todas como conocido.

Y, finalmente, el libro “Palestina: crónica de la ocupación sionistase mueve en el ámbito del conocimiento holístico, también llamado intuitivo, y consiste en captar la esencia de un objeto, de un hecho o de una circunstancia dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructura ni limites definidos con claridad. A diferencia del conocimiento conceptual, que posee estructuras definidas, el conocimiento intuitivo contiene una vivencia, una presencia de difícil expresión.

En este contexto, las crónicas de Pablo Jofré ofrecen la posibilidad de transitar por los tres niveles de conocimiento, para entender un conflicto en el que la versión del victimario es omnipresente en los medios de comunicación masiva y en los discursos oficiales.

En este libro el autor ofrece su apoyo irrestricto a Palestina, con base en hechos concretos en una historia de lucha y resistencia tejida a lo largo de décadas, llevada a cabo por hombres y mujeres que han poblado estas tierras y la han regado con sus sangre y esfuerzo, contra una mitología victimista y falsaria.

Se recoge el trabajo de intelectuales como el historiador israelí Shlomo Sand, quien sostiene en su libro When and how was the land of Israel invented que “el sionismo robó” el término religioso Eretz Israel (tierra de Israel) y lo convirtió en un término geopolítico.

En un trabajo anterior, “La Invención del pueblo judío” ya Sand había generado enorme polémica al afirmar que no existía un pueblo judío que se hubiese exiliado hacía dos milenios y que hubiese sobrevivido a ese transtierro. Para Shlomo Sand, “la mayoría de los judíos de Europa del Este son descendientes de sociedades o personas que se convirtieron al judaísmo en suelo europeo”.

El autor brinda una visión del conflicto que se nutre, además, con la experiencia directa en terreno, experimentando de primera mano el dolor frente a la ocupación, la demolición de los hogares de familias palestinas, la destrucción de sus cultivos, la limitación de sus desplazamientos. Una barbarie que destruye a las familias palestinas demuele sus hogares hasta los cimientos, con una perversidad difícil de igualar, que ha erigido un muro de vergüenza y oprobio que separa familias, aldeas, pueblos, que fragmenta el territorio de Cisjordania, que hace inviable pensar en una Palestina con autodeterminación.

Se afirma en este libro, que la lucha es contra el sionismo y su política colonizadora. La violencia que se vive en Palestina es producto de la invasión y de la expansión de los asentamientos ilegales de colonos. Cualquier acusación provocadora que trate de equiparar la denuncia contra el sionismo con la incitación al odio racial, religioso o étnico, es falsa. Ser antisionista no es ser antijudío ni antisemita.

Plantear que cualquier crítica contra la política sionista es una demostración de antisemitismo es influir para que se promulguen legislaciones que criminalicen a quienes critican a Israel y su política de colonialismo, ocupación y Apartheid contra el pueblo palestino. Cuestión absurda, pues las críticas a la ideología sionista es una censura política, y acusar de antisemitismo a quien emite estas opiniones es una falacia, pues en esta lucha, los únicos semitas son precisamente los palestinos.

Para lograr su objetivo, el lobby sionista acude al uso de métodos políticos y comunicacionales, entre ellos la denominada Hasbara tratando de hacer del antisionismo un sinónimo de antisemitismo.Los sionistas anhelan que la humanidad admita que aunque los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad pueden ser condenados, el mismo crimen se debe tolerar e incluso aceptar cuando es perpetrados por sionistas. Y cuando el mundo habla en contra de esos crímenes, si estos los cometen judíos sionistas, se soltará la acusación prefabricada de antisemitismo, y si se da la casualidad que las personas críticas son judías, se invocará el indigno mantra de los judíos que se odian a sí mismos, para así silenciarlos e intimidarlos.

En las últimas siete décadas, desde el nacimiento de la entidad sionista el 14 mayo de 1948, Palestina ha sufrido un proceso de ocupación y colonización de su territorio a manos de todos los gobiernos israelíes, sin excepción. Un régimen surgido tras la puesta en práctica de la recomendación establecida en la Resolución No 181 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) del 29 noviembre del año 1947, que dio la basa para definir la partición de una tierra ancestral.

La división de Palestina se concretó en el marco del nacimiento de Israel, el mismo día que el mandato británico sobre Palestina llegaba a su fin. Pero ese porcentaje adjudicado a contrapelo de los derechos palestinos era insuficiente para el sionismo, que con apetito voraz ha ido usurpando todo el territorio, mediante la violencia y la agresión crónica incluso con supuestos “planes del siglo” que no son más que nuevos intentos de imposición.

En este texto se reseña parte importante de un contencioso que marca al Levante Mediterráneo y, por extensión, a Asia Occidental, a través de diversas crónicas y análisis históricos acerca de lo que es el sionismo, su perversidad y los objetivos perseguidos por esta ideología que actúa como punta de lanza del imperialismo británico a inicios del siglo XX y del imperialismo estadounidense desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad.

Una ideología, que goza hoy de impunidad para seguir cometiendo tres delitos mayores en el plano del Derecho Internacional y que no prescriben: crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio contra el pueblo palestino.

En Palestina, cualquier tribunal internacional que tuviera la voluntad, decisión y valentía de investigar la conducta de Israel en estas siete décadas, encontraría abundantes pruebas de los dos primeros delitos y argumentos más que suficientes para sostener el tercero de ellos y llevar a juicio a políticos, militares, además de cómplices activos y pasivos de esa sociedad dominada por el sionismo, sean estos laboristas, del Likud o de partidos ultranacionalistas y religiosos. Para ahondar en estas ideas lo mejor es recorrer cada una de las 285 páginas de un texto fundamental “Palestina. Crónica de la ocupación sionista”

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