publicado el: 4 abril 2020 - 21:16
El coronavirus y el daño social

SP - A lo largo de la historia de la humanidad, han tenido lugar enfermedades de todo tipo, unas más letales que otras. La última pandemia, producida por un virus comúnmente llamado coronavirus, ha traído consigo desgracias peores que la misma enfermedad.

Del mundo entero se ha apoderado un miedo colectivo, que es alimentado cada día por el bombardeo informativo y especulativo de los medios de comunicación y de las conversaciones cotidianas, haciendo de la humanidad una gran masa de terror, confusión y oscurantismo, que lleva a los seres humanos a su estado más bajo, en el que la fuerza mayor es el instinto de sobrevivir a toda costa.

Podríamos ver la enfermedad como una avalancha, que, además de dejar destrucción a su paso, saca a la superficie cosas que antes estaban enterradas en el olvido.

Es curioso ver cómo con la llegada de una enfermedad aparentemente tan simple, se han traído a la luz los más oscuros aspectos de nuestro sistema pseudocivilizado; cómo la putrefacción social, a la que estamos habituados a esconder y minimizar, crece de tal forma que es imposible ignorarla.  Los problemas sociales que ahora nos resultan tan evidentes no son nuevos, en realidad.

No es nuevo que haya millones de personas muriendo de hambre en las calles, que no tengan un refugio seguro para descansar en la noche o resguardarse de las enfermedades y los males que en las calles acechan; no es nada nuevo que, para muchos, su familia es un peso que no les ha traído más que desgracia, sufrimiento, frustraciones y traumas, del que intentan escapar mientras sea posible. No es nada nuevo que en los lugares del mundo en los que la brecha socioeconómica es mayor, como es el caso de Colombia y otros países latinoamericanos, la clase trabajadora no tenga acceso a los que tan orgullosamente hemos denominado derechos fundamentales. No es nada nuevo que, en los lugares con más inequidad social del mundo, los únicos que reciben atención médica, alimentación y educación adecuadas, son aquellos que pertenecen a las clases socioeconómicas más elevadas. Tampoco es reciente que la corrupción política en el mundo aporte en gigantes magnitudes a la creciente descomposición social.

Estas, y las otras innumerables desdichas sociales, han existido antes de la imprevista llegada del coronavirus; lo único que ha cambiado es que esta nueva enfermedad ha potencializado estos problemas a tal punto, que es imposible seguir ocultando la miseria que amenaza con destruir la burbuja de frágil cristal a la que llamamos civilización.

En este momento de crisis mundial lo mejor que podemos hacer es aumentar la fe en nuestro Creador, ser pacientes, y aprovechar el aislamiento para fortalecer nuestros vínculos familiares e interpersonales, para reconsiderar nuestros ideales y prejuicios y mirar con un ojo más crítico el mundo que nos rodea.

Ese es Alá, vuestro Señor. No hay dios sino Él, el Creador de todo. Adoradle pues.
Él es el Guardián de todas las cosas
. (
Sagrado Corán, 6:102)

Fátima Yamilah Sinisterra

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