El rol de la mujer en la familia y en la sociedad (I)

“Con una mano la mujer mueve la cuna, y con la otra, la rueda de la historia de la humanidad”.

Introducción

La vida de cada grupo de seres vivos tiene un sentido particular, que se interpreta teniendo en cuenta la razón de su creación. Al crear a las plantas, Dios tenía ciertos objetivos diferentes a los que se propuso al crear a los animales. Por lo tanto, el sentido de la vida y la actividad vegetal es diferente al sentido de la vida y dinamismo de los animales. Por otra parte, la creación del ser humano es de una índole diferente y más completa que la del resto de los seres vivos, tanto desde el punto de vista extrínseco e intrínseco, como del físico y metafísico.

La amplitud del conocimiento del ser humano es tal que puede penetrar hasta las profundidades de la existencia, conquistar la Tierra y los cielos, hacer de ello un medio para alcanzar el objetivo final de la creación y la “excelencia de vida” (haiâtan taîibah)[1], y buscar la vida real en la proximidad a Dios y en alcanzar la perfección absoluta. Este es el sentido de la vida humana. De esta manera, la persona habrá cumplido con su función y habrá alcanzado la real condición humana.

Por lo tanto, los roles de la mujer y del hombre en la familia o en la sociedad deben ser buscados en la razón de su creación y la razón de su vida. En otras palabras, la pregunta, “¿cuál es nuestro rol en el hogar y en la sociedad?” puede ser planteada de la siguiente manera: ¿Qué rol debemos desempeñar en el ámbito familiar y en la sociedad para poder alcanzar la “condición humana”, el regocijo y la felicidad, y lograr la proximidad divina? ¿Cómo podemos conseguir ello?

Desde el punto de vista del Islam, básicamente “ser mujer”, es un tipo de “valor”, y en la sabia creación de Dios, tanto las mujeres como los hombres poseen un lugar, una naturaleza y un rol particular. No le es dado a las plantas cumplir con las funciones de los animales, ni viceversa. En el Islam el criterio y medida de un “valor”, es en función de la amplitud de su “rol”.

Antes de explicar el rol de la mujer en el marco de la familia, en primer lugar debemos delinear cuál es la esencia y realidad de la familia, y en segundo lugar, cuáles son las razones de la legislación del matrimonio, y en consecuencia, de la conformación de la institución familiar. Solo entonces quedará más clara la posición y rol de la mujer en la familia para solventar las necesidades de esta institución.

La esencia y realidad de la familia

La esencia y realidad de la familia en el Islam resulta de un pacto y acuerdo divino especial: mizâqan galîdzan: “un pacto solemne”. En un contexto en el que se refiere a las condiciones y normas del matrimonio, y a la manera en que los hombres y mujeres han sido creados unos para otros, el Sagrado Corán dice:

« وَأَخَذْنَ مِنكُم مِيثَاقاً غَلِيظاً »

»Hemos tomado de vosotros un solemne pacto«.[2]

Por lo tanto, la esencia y realidad de la familia, según el Islam, es un pacto o alianza. Pero no cualquier pacto; no es un pacto humano, sino un pacto que tiene un valor y posición divina, sagrado, celestial, puesto que todas las estipulaciones para los cónyuges en el mismo las ha escrito Dios.

Es así que vemos que a pesar de la variedad de religiones, culturas, prácticas y costumbres sociales, desde Adán (P) hasta nuestros días, conformar una familia siempre constituyó un acto natural e innato.

¿Cuál es la razón de la legislación del matrimonio y de la conformación de la familia?

Podemos mencionar varias causas, como por ejemplo, la continuación de la especie, el desarrollo de la personalidad y espiritualidad del ser humano, etc., pero para no desviarnos del tema nos limitaremos a la causa más primordial: es una respuesta al llamado de la “fitrah” o naturaleza primigenia del ser humano. Dios ha dispuesto el llamado de la “fitrah” en la esencia misma del ser humano. El ser humano busca algo; algo en su existencia vibra. ¿Por qué?

Algo que Dios dispuso en nuestro interior al crearnos fue la “búsqueda de una pareja”, del mismo modo que dispuso en nuestro interior la búsqueda de la justicia, la búsqueda de lo espiritual, etc., y no podemos desprendernos de ello. En otras palabras, oponernos al hecho de formar una familia es negar nuestra naturaleza primigenia.

Ahora bien, ¿qué suscita este llamado de la fitrah en el hombre y la mujer? Suscita la “necesidad”, y si no la suplimos ocasionará deficiencias y anomalías. Entre estas deficiencias -todas las cuales conforman un grupo de razones para conformar un matrimonio- podemos mencionar las necesidades físicas y biológicas, las necesidades espirituales, y las necesidades psíquicas y afectivas.

De esta manera, la familia surge a partir de una “alianza sublime” entre dos importantes pilares, esto es, una mujer y un hombre, que cierran un acuerdo de “vida en común”, por medio del cual desean satisfacer necesidades físicas, afectivas, etc. Y luego, mediante el nacimiento de los hijos, la familia se agranda y por ende las necesidades se hacen más variadas y el rol de cada uno de los miembros de la familia se multiplica.

En el Islam, la mujer y el hombre tienen funciones y roles clave para poder suplir estas necesidades de una manera satisfactoria. Indudablemente, la mujer, como esposa y madre, asume roles diferentes con relación al hombre como esposo y padre, y cada uno desempeña funciones adecuadas a su esencia o condición femenina o masculina. Al mismo tiempo sus roles se complementan perfectamente entre sí, y la vida, en la misma medida que no puede reemplazar a uno con otro, los necesita a ambos.

Las “necesidades físicas”, se relacionan a los aspectos biológicos de las personas. Además de lo relacionado a la actividad sexual, son: necesidad de alimento, vestimenta, vivienda, salud, etc. Debido a su mayor fuerza corporal y económica, en el Islam es deber del hombre proveer el sustento, la seguridad, y garantizar el bienestar físico y la salud de la familia. Esta superioridad administrativa del hombre solo hace más pesada sus funciones y responsabilidades, y esto por fuerza, le acarrea incluso privilegios menores en la vida comparados con los de la mujer, y si, como manda el Islam, añadimos las responsabilidades morales a las responsabilidades legales del hombre, dará como resultado la auto renuncia del hombre en beneficio de los miembros de su familia, entre ellos, su esposa.

Por supuesto, generalmente -aunque el Islam no la obliga-, siguiendo una pauta y costumbre de carácter ético y moral, la mujer colabora realizando o bien administrando las tareas de la casa. Del mismo modo, el Islam no le impide en absoluto realizar otros trabajos fuera del hogar y obtener sus propios ingresos, y si este fuera el caso, la mujer no está obligada a colaborar con los gastos de la casa y la familia.

Entre otras necesidades fundamentales y básicas que tiene la familia, son las “necesidades afectivas, psíquicas y espirituales”. Si es que no decimos que estas necesidades son mayores que las físicas, al menos se encuentran al mismo nivel; es decir, en la misma medida que cada uno de los miembros de la familia necesita del alimento, también necesita de los afectos, del amor y de todo lo que ello implica, y aún cuando tanto la mujer como el hombre comparten el hecho de suplir las necesidades afectivas del uno y el otro,[3] sin embargo, la mujer es la fuente original del amor y está más propensa innatamente a suplir de forma natural las necesidades afectivas de la familia. Dios ha creado a la mujer de una manera tal que su misma existencia está repleta de amor y estímulos afectivos.

En la segunda parte de este artículo abordaremos el rol de la mujer en la familia.

Por: Sumeia Younes


[1] «A quien practique el bien, sea hombre o mujer, y es creyente, le concederemos una vida excelente…» (Sura an-Nahl; 16: 97).

[2] Sura an-Nisâ’; 4: 21.

[3] «Ellas son vuestras vestimentas, y vosotros las de ellas.» (Sura al-Baqarah; 2: 187).

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