publicado el: 22 julio 2021 - 13:33

Latinoamérica

Nicaragua En La Mirada Del Golpe Blando

El Combate Con Armas Psicológicas, Sociales, Económicas y Políticas
Nicaragua En La Mirada Del Golpe Blando

Segundopaso - Nicaragua vive nuevamente una serie de arremetidas desproporcionales de parte de las potencias hegemónicas contra su pueblo, esta vez mediante lo que se conoce como Golpe Blando. El analista político Pablo Jofre Leal mediante el presente análisis, nos muestra las estrategias golpistas que ejerce EEUU contra Nicaragua.

El politólogo estadounidense Gene Sharp, considerado el padre de la idea de los golpes blandos, señala que la naturaleza de las guerras en este siglo XXI se ha modificado notoriamente. Si bien es cierto aún la presencia de invasiones armadas, agresiones, combates, son una realidad, también se verifica que métodos, que quizás no son tan nuevos, pero que a fines del siglo XX y estos primeros lustros del siglo XXI se han hecho presente , con efectos tan desastrosos como los meramente militares y donde Nicaragua es uno de los blancos.

Hablamos del combate con armas sicológicas, sociales, económicas y políticas, en un menú tan explosivo como criminal. Esta estrategia golpista es un mecanismo de intervención extranjera directa, que se desarrolla en el marco de las nuevas condiciones geopolíticas en el mundo y que permite, por tanto, la menor cantidad de bajas posibles desde el punto de vista humano y de la técnica militar. Una de las denominaciones más recurrentes, es la de "política de máxima presión" llevada a cabo por los gobiernos estadounidenses junto a sus socios incondicionales europeos como Francia y Gran Bretaña, y que en el caso de Asia occidental tiene el concurso del régimen sionista y de la Monarquía saudí.

Cuando los ataques, en el marco de la estrategia de Golpe Suave tiene por norte Latinoamérica, la complicidad se encuentra en gobiernos ultraderechistas como el de Chile, Colombia, Brasil. También organismos creados ad hoc como es el Grupo de Lima, destinado a presionar a Venezuela, como también el uso de la Organización de Estados Americanos (OEA), presidida por el converso político uruguayo y secretario general de este organismo Luis Almagro, quien lo mismo se presta para atacar a Venezuela, que a Bolivia, Cuba o Nicaragua.  Unamos a ello la serie de organismo estadounidenses que financian a Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que suelen ser punta de lanza de la intervención: Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) la Central de Inteligencia (CIA) Fundación Nacional Para la Democracia (NED por sus siglas en inglés). La Agencia de Cooperación Española que vierten su dinero, por ejemplo, a la Fundación Violeta Chamorro de oposición al gobierno nicaragüense y acusada de lavado de activos.

El analista Raúl Capote nos recuerda que “Gene Sharp, el hombre al que se le atribuye la autoría de la estrategia, fue considerado el gurú de las revoluciones no violentas. Su obra “De la dictadura a la Democracia” que describe y orienta cómo derribar a una “dictadura” con métodos no violentos, ha sido traducida a más de 30 idiomas. El Instituto Alberto Einstein fue el centro pionero, junto a la Open Society Foundations, del multimillonario George Soros, de esta nueva forma intervencionista, disfrazada de revuelta popular pacífica, que se puso en práctica, para el derrocamiento de Slobodan Milosevic, en Yugoslavia, en el año 2000”.

Gene Sharp define cinco etapas fundamentales para así provocar acciones desestabilizadoras o “golpes suaves” contra lo que Washington considera gobiernos “incómodos” en Latinoamérica y el mundo:

1. Ablandamiento.

2. Deslegitimación del gobierno.

3. Calentamiento de calles.

4. Combinación de diversas formas de lucha

5. Fractura institucional.

En el caso de Nicaragua y los ataques sostenidos contra su gobierno, las matrices descritas son el ejemplo elocuente del trabajo desestabilizador ejercido por Estados Unidos y sus socios regionales, tanto de gobiernos como de instituciones, medios de información y el apoyo en esta estrategia golpista de gobiernos europeos. Todos ellos, sordos, ciegos y mudos frente a gobiernos claramente sindicados como narcoestados, como es el caso de Colombia, por ejemplo: Un país que posee un gobierno de ultraderecha con violencia institucional contra su población, violación de los derechos humanos en forma evidente, ejemplificado en el asesinato de líderes sindicales, indígenas, campesinos, desmovilizados de las FARC. Presencia de paramilitares, asociación con potencias extranjeras en el uso de técnicas de contrainsurgencia y métodos de tortura como es el caso del sionismo.

Una Colombia con siete bases militares estadounidenses en su territorio, destinadas a agredir a Venezuela o a quien ose enfrentar al imperio y sus hijos putativos. Sin embargo, esa Colombia que ha reprimido con violencia las movilizaciones sociales en su territorio, con secuestros y desapariciones de los luchadores sociales, no recibe ni tan siquiera una crítica. Una Colombia que se ha despertado de un sueño de dominio embrutecedor y cuya sociedad, está siendo criminalmente reprimida por el gobierno del ultraderechista Iván Duque, que no duda en asesinar a su población, al mismo tiempo que permite el envío de mercenarios a guerras de agresión como la de Irak, Afganistán, Yemen, Libia e incluso participando del asesinato de Jovenel Moise, el acribillado presidente de Haití el pasado 7 de julio. Es tan evidente la hipocresía y el doble rasero, que resulta vergonzoso el silencio cómplice y obsequioso de los medios de desinformación y manipulación de la región y el mundo.

En ese escenario, de atacar a unos con toda la fuerza que tienen las potencias occidentales y callar obsequiosa y en forma cómplice cuando los violadores del derecho internacional y de los derechos humanos de su población, son amigos de Washington y sus aliados incondicionales. En ese contexto, sus testaferros, de gobierno e instituciones internacionales “utilizan el poder mediático para manipular, desinformar, para crear confusión y distorsionar la realidad de Nicaragua" afirmó el ministro de relaciones exteriores de Nicaragua, Denis Moncada en entrevista dada al canal Rusia Today. Una política de máxima presión en lo económico, político, militar, que no diferencia entre demócratas y republicanos. Esto, como parte de una campaña destinada a desestabilizar al gobierno sandinista. Campaña donde la OEA presidida por el político uruguayo Luis Almagro cumple la función de coordinar las acciones desestabilizadoras, como lo ha hecho con otros países latinoamericanos.

Organismos internacionales, autodenominados como defensores de los derechos humanos son instrumentalizados por Washington, utilizando la imagen internacional que poseen para ayudar en el proceso de desinformación internacional. Ilustrativo es el caso de la organización Human Rights Watch, cuyo director de la División de las Américas es el abogado chileno José Miguel Vivanco, que se caracteriza, al estilo del ex presidente estadounidense Donald Trump de utilizar las redes sociales, en especial Twitter, para lanzar sus dardos de denuncia, pero…sólo contra aquellos países que no son incondicionales de Estados Unidos, pues cuando se trata de sus aliados, la verborrea de Vivanco brilla por su ausencia y emite condenas muy generales. En ello, que duda cabe, las órdenes emanadas de quien financia a esta organización como es el multimillonario George Soros a través de su fundación Open Society Foundations, quien contribuye con cientos de millones de dólares para llevar adelante la “defensa de los derechos humanos” pero, bajo la óptica de los poderes hegemónicos.

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Nicaragua en el actual marco de la pandemia por el Covid-19 tiene dificultades, pero, resulta inaceptable que se intente doblegar al pueblo nicaragüense usando estrategias golpistas, sanciones, bloqueos económicos, perjudicando su lucha contra la pobreza y sus esfuerzos por hacer realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Estados Unidos y sus aliados han concertado, criminalmente, acciones para intentar doblegar la voluntad indeclinable del pueblo nicaragüense de ejercer su propia Autodeterminación, algo que se corresponde absolutamente con su ejercicio de Soberanía y Libertad.  Las opiniones críticas del mundo derechista y liberal e incluso de aquellos ubicados en lo que denominan el campo progresista ignoran, interesadamente, ese marco de presión y se centran en la crítica artera contra un país sometido a los ataques. No es posible pensar en un escenario de normalidad entre una Nicaragua atacada en múltiples planos, exigirle un transitar impoluto como si se tratar del desarrollo de un país estilo Suiza, Noruega o Dinamarca, sin que esos críticos emitan condena alguna a la política intervencionista de Estados Unidos y sus aliados.}

Si el análisis de situación no considera es política desestabilizadora, aquellas críticas son simplemente expresión de hipocresía y silencio cómplice para aquellos que atacan nuestros pueblos. Son paladines de lo políticamente correcto y timoratos en enfrentar los poderes que agreden y generan escenarios golpistas.  Las acciones de manipulación y desinformación son seguidas por medidas ilegales, arbitrarias, coercitivas y unilaterales, creadas y puestas en prácticas por Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá, principalmente. Agregando, desde luego, a países que olvidan sus aspiraciones de autodeterminación y ejercen un seguidismo borreguil a favor de los intereses imperiales.

El pasado 9 de julio la vocera de la Cancillería rusa María Zajárova cuestionó "la injerencia flagrante en los asuntos internos de Nicaragua, particularmente, en cuestiones de financiamiento…"a medida que se acercan las elecciones generales en ese Estado, programadas para el 7 de noviembre, aumenta la poderosa ola de presión externa sobre el Gobierno legítimo del presidente Daniel Ortega. Una acción que tiene como fin generar desestabilización en la nación centroamericana, lo que busca sacar del poder a los representantes del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que han trabajado para garantizar el bienestar del pueblo”. Zajárova hizo hincapié en el hecho que ya en el 2018 el Gobierno norteamericano, encabezado en ese entonces por el ex presidente Trump, aprobó una orden ejecutiva que declaraba a Nicaragua como una supuesta amenaza extraordinaria para la seguridad nacional. “una conducta cínica en que las medidas coercitivas impuestas ilegalmente por Washington recrudecieran en medio de la pandemia por la Covid-19”.

Efectivamente, ya la Pandemia del COVID-19 trae sus propios retos y desafíos, sumados a ellos, el Pueblo de Nicaragua es violentada a través de medidas ilegales, arbitrarias, coercitivas y unilaterales, lo que convierten a éstas en crímenes de lesa humanidad. Dinamitar la lucha contra el COVID-19, es hacer desaparecer a pueblos enteros. Se trata de las nuevas modalidades de agresión en nuestro tiempo. El delito del pueblo de Nicaragua, en la mentalidad colonialista y neocolonialista de las potencias, es decidir por sí mismo su propio futuro, sus propios procedimientos para elegir autoridades, sus propias leyes y mecanismos de Gobierno. No es casual que lo que se ejecuta contra Nicaragua se haga también contra Cuba, Venezuela, Siria, Irak a quienes se les aplica medidas coercitivas que generan una compleja situación e incentivan a través de agencias y Organismos No Gubernamentales las protesta y el inicio de los distintos pasos del llamado Golpe Blando.

Nicaragua tiene su propio ordenamiento jurídico, sus propios procesos para ser electo y ser elegido. Ese país centroamericano continúa su lucha para recordar a los poderes hegemónicos, que las decisiones las toma y las tomará el pueblo nicaragüense, en su propio territorio. Sus decisiones no se toman ni en Washington ni en Bruselas, ni en Madrid.  Valentía, dignidad, amor a la paz, capacidad para vencer en la adversidad, Nicaragua en ello se presenta como referente. El mensaje que da Nicaragua con su “rebeldía” ante imperios, es que la autodeterminación, la soberanía y el amor a la paz, son derechos irrenunciables, vigentes y patrimonio de los pueblos del mundo. Nicaragua está hoy en la mira de las acciones propias del Golpe Blando, lo esencial es que ni este tipo de golpes ni aquellos directos se ejecuten contra una nación soberana y se denuncien en todas las instancias

Pablo Jofré Leal

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