publicado el: 26 septiembre 2020 - 20:38

El Mar De Los Sargazos

EPISODIO 1: Prosa del Observatorio de Julio Cortázar. Parte I
El Mar De Los Sargazos

Podcast que promueve la lectura de las mejores obras narrativas y poéticas de América Latina y el Caribe, comprometidas con los valores humanistas y la emancipación de nuestros pueblos.

Los vientos y las corrientes se detienen justo al centro de este mar. Allí, las espesas algas parecen anguilas desovando estrellas. Sobre estas aguas, donde flota a la deriva el tiempo, hemos varado los mejores navíos de la literatura latinoamericana y del Caribe para abordar su riqueza simbólica y su poder combatiente. En este mar de los Sargazos, calmo pero fértil, compartiremos con ustedes lo real y lo fantástico, imágenes e historias maravillosas que fortalecerán su identidad como habitantes de esta tierra prodigiosa y creativa.

El mar de los Sargazos se ubica en el océano Atlántico, entre los meridianos 40 y 70 al Oeste y los paralelos 25 y 35 al Norte. Hasta hace poco se le consideraba el único mar cuyas aguas no tocaban ninguna costa de tierra firme pero, como consecuencia de los cambios climáticos propiciados por el ser humano, se ha convertido en un descomunal puente vegetal que une o está por unir el Golfo de México con las costas occidentales de África.

Fue llamado así por los primeros navegantes portugueses debido a que las algas que allí proliferan se valen de una vejiga de gas para mantenerse a flote, así que aquellos hombres de mar no tardaron mucho en compararlas al racimo de una variedad de uva que crece en su península, denominada salgazo. A partir de allí, y por deformación, se acuñó el término “sargazo”.

Hacia el centro de este mar se produce un fenómeno sorprendente muy temido por los antiguos navegantes a vela. Cuatro poderosas corrientes oceánicas convergen allí, cada una proviene de un punto cardinal distinto. Chocan tangencialmente entre sí y forman un óvalo amurallado por estos ciclópeos torrentes. Esta dinámica impulsa las aguas hacia el interior de esos límites, haciéndolas girar lentamente de manera concéntrica en la dirección de las manecillas del reloj. En ese punto el viento y las corrientes se adormecen, lo cual produce la preocupante “calma muerta” o “calma chicha” o vientos muy moderados que impiden el avance de los barcos, como el viento por el zenit, el vahajillo o la ventolina, según el argot marinero.

Sin embargo, esa zona donde no existe barlovento ni sotavento, también se le conoce como Latitud de los caballos, porque los tripulantes de aquellas embarcaciones atrapadas en la espantosa quietud y castigados además por un calor insoportable, se veían obligados a arrojar por la borda no solo cañones, muebles y otros enseres, sino también a todos los animales de a bordo. De esta manera ahorraban las reservas de agua y aligeraban la carga, con la esperanza de que el más mínimo soplo de viento les permitiera navegar nuevamente. Los corceles eran sacrificados como alimento para la tripulación o sus desgarradores relinchos se acallaban bajo la superficie del mar inmóvil.

Esta inercia atmosférica, unida a la espesura del bosque de algas y la corriente del Golfo de México que empuja desde el Oeste llegaban a convertirse en insalvables escollos. La navegación se hacía pesada o producía muchas calamidades, extravíos y derivas, naufragios y hundimientos, zozobras, motines y suicidios colectivos, antropofagia, enfermedades y demencia en los soldados invasores, colonos, exploradores, piratas, corsarios, esclavistas, traficantes, balleneros y mercaderes que cubrían la ruta entre Europa y Nuestra América. De allí la carga simbólica de este mar de algas y escasos vientos, donde solo el chapoteo pegajoso de las anguilas opaca el susurro nocturnal y enigmático de innumerables historias, mitos y leyendas...

Selección, comentarios y locución de RAMÓN MEDERO

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